Hay luz en el cuarto piso, donde murieron.
Ni se te ocurra mirar.
domingo, diciembre 31, 2006
jueves, diciembre 28, 2006
Tras el incendio
¿Y qué son los ángeles sino fantasmas travestidos? Me recibieron todos ellos, los que visten de negro y también los que son pálidos y rubios como el día; y yo al verlos tuve que tragarme el alma, que se me salía disparada por la boca.
- ¡Luminosa Maine! ¿Qué vienes a buscar aquí, si no hay más que ruinas? Tu retorno sólo sirve para constatar que sólo quedan los escombros.
Pero su cuerpo no se encontraba entre ellos. Volví a la ciudad y estaba en llamas. Me situé justo en la línea fronteriza, miré hacia atrás y comprendí por fin que lo que es eficaz lo es sólo una vez, y en un solo momento.
- ¡Luminosa Maine! ¿Qué vienes a buscar aquí, si no hay más que ruinas? Tu retorno sólo sirve para constatar que sólo quedan los escombros.
Pero su cuerpo no se encontraba entre ellos. Volví a la ciudad y estaba en llamas. Me situé justo en la línea fronteriza, miré hacia atrás y comprendí por fin que lo que es eficaz lo es sólo una vez, y en un solo momento.
lunes, diciembre 25, 2006
Mañana de Navidad

Hay días inmerecidos y solitarios como la mañana de Navidad, como un vaso de cristal vacío junto a una ventana en la mesa de la cocina. Se ven caminos de tierra por los que ya he caminado en mi infancia, calles que ya he visitado, el gris del amanecer y un cielo tranquilo cargado de augurios que conozco. Y hay un hombre que escribe el final -con calma, sin ninguna prisa, todavía esperando porque le resulta imposible creer que su final va a ser ése, y no otro- para al menos dejar constancia triste de lo que fueron, después de tantos años brillantes, sus últimos meses solo.
viernes, diciembre 22, 2006
El mayor milagro
Después de la confesión, el hombre honrado tuvo que sentarse en una de las sillas de madera para no caer desplomado. La amaba demasiado para condenarla a morir lapidada, de modo que secó las lágrimas de su joven esposa, miró su vientre abultado y decidió guardar aquel secreto para siempre.
- No temas, –la dijo- contaremos que fue un ángel del Señor, y esta misma noche huiremos a Belén.
- No temas, –la dijo- contaremos que fue un ángel del Señor, y esta misma noche huiremos a Belén.
martes, diciembre 19, 2006
Metamorfosis
Se ha ido la luz de madrugada. No podía dormir, y el apagón me ha pillado colgada de internet. Sólo ha sido durante media hora escasa, pero resulta prodigioso ser consciente de las alternativas que brinda la oscuridad. Era casi acogedor avanzar por la casa en tinieblas con la pequeña linterna en la mano como un fantasma recién redimido, y luego asomarme a la ventana y no apreciar la diferencia entre el cristal y el negro inmenso. No había luz en toda la calle, jamás me había hecho una idea de lo que puede ser la noche sin luz eléctrica. Sólo de vez en cuando iluminaban un trocito de asfalto los faros de algún coche. Eran una sola visión el cielo y el borde de los edificios.Me he sentado a fumar en el salón rodeada de velas, como si me estuviera iniciando en la preparación de un rito, hasta que he visto que una de las velas tenía una fecha escrita. No escribiré aquella fecha, porque nombrar es crear igual que en el Génesis, sobre todo cuando reina la oscuridad absoluta. La vela que aquella vez me dio una bruja de los bosques de Maine volvía a estar encendida.
Casi me ha enfurecido que volviese la luz.
lunes, diciembre 18, 2006
No fue como nos lo han contado
Y Dios llamó ante su presencia a la serpiente y la maldijo enfurecido:
“¿A quién sedujiste bajo el Árbol? ¿A quién, contraviniendo todas las leyes naturales instauradas por Mí en mi incuestionable e infinita sabiduría, deseaste y poseíste en la espesura? No sóis de la misma especie, no sóis ni siquiera de distinto sexo, ambas habéis invertido el perfecto orden universal que tenía pensado desde el origen de los tiempos, habéis cometido el peor de los pecados, y por ello ambas seréis símbolo y herramienta del diablo de aquí en adelante, despreciadas, perseguidas, condenadas, quemadas en las hogueras, sospechosas y malditas para siempre ante los ojos de mis amados hijos”.
Y la serpiente, cuya amargura y desesperación la hicieron arrastrarse por la tierra desde entonces, vio desde lo alto del Árbol cómo las Puertas se cerraban tras ellos -tras ella-, vio cómo el Ángel más cruel cortaba sus larguísimos y preciosos cabellos con su espada llameante y cómo Eva, entristecida, tuvo que someterse en silencio a aquel hombre salvaje y despótico que nunca la había amado.
“¿A quién sedujiste bajo el Árbol? ¿A quién, contraviniendo todas las leyes naturales instauradas por Mí en mi incuestionable e infinita sabiduría, deseaste y poseíste en la espesura? No sóis de la misma especie, no sóis ni siquiera de distinto sexo, ambas habéis invertido el perfecto orden universal que tenía pensado desde el origen de los tiempos, habéis cometido el peor de los pecados, y por ello ambas seréis símbolo y herramienta del diablo de aquí en adelante, despreciadas, perseguidas, condenadas, quemadas en las hogueras, sospechosas y malditas para siempre ante los ojos de mis amados hijos”.
Y la serpiente, cuya amargura y desesperación la hicieron arrastrarse por la tierra desde entonces, vio desde lo alto del Árbol cómo las Puertas se cerraban tras ellos -tras ella-, vio cómo el Ángel más cruel cortaba sus larguísimos y preciosos cabellos con su espada llameante y cómo Eva, entristecida, tuvo que someterse en silencio a aquel hombre salvaje y despótico que nunca la había amado.
miércoles, diciembre 13, 2006
V de Maine

Igual que la Beatrice de Dante, o que la enigmática letra inicial de la obra de Pynchon.
V de victoriosos o vencidos, v de vulnerable y veleidosa vanidad. Todas las cosas de este mundo pueden resumirse en una sola abstracción, en una sola letra. Todas nuestras búsquedas, todos los caminos de la salvación: Beatrice o Venus, que cansadas de vagar de niebla en niebla, en una esquina se frotan las manos.
Yo también podría haberte dicho las mismas palabras, pero esta vez con el corazón de puntillas estallándome en la boca: valiente, verdad, vehemencia, venerar, venganza, vaivén, vértigo, volver, vigilia, vaguedad. Vida. Vacío.
Maine se escribe con v.
martes, diciembre 12, 2006
Sólo hay urgencia
Cuida tu vida, porque ella soy yo mismo, y me pierdo contigo. (Paul Éluard).
Cuando todo se replegó sobre sí mismo, me llevaron a otra casa donde creyeron que estaría bien, donde pensaron que sería capaz de hacerlo bien desde el principio. Ví una habitación pequeña, forrada de planchas de madera clara en las paredes. No había ningún mueble, sólo un ventanal enorme al fondo abierto de par en par. Entraba a chorros la luz templada de un país nórdico, y se veían ramas desnudas como látigos o manos negras que esperaban estrellarse contra un cielo blanco-imposible.
Estaba allí sentada, con la espalda contra la pared de madera, y podría ser verano, verano nórdico, porque sentía la tibieza de esa luz derramándose sobre cada una de las superficies cóncavas. Diáfana la luz como la voz humana al lamentarse.
Entró mi vida de repente y me vio allí, con todos los papeles donde estaba tratando de vaciarme esparcidos por el suelo alrededor, y vio también las cosas que se fuerzan por el ímpetu y la necesidad, las aguas que se anegan de pura saturación.
Se agachó frente a mí –me estoy ocupando personalmente de que no puedas tener otra cosa-, se rieron sus ojos enteramente negros, sin parte blanca, y yo lo único que quise fue arrojarme sobre ella y tumbarla sobre la luz- ¿era esto, maldita, era esto lo que tenías reservado para mí? -y reventarla con mi peso.
Cuando todo se replegó sobre sí mismo, me llevaron a otra casa donde creyeron que estaría bien, donde pensaron que sería capaz de hacerlo bien desde el principio. Ví una habitación pequeña, forrada de planchas de madera clara en las paredes. No había ningún mueble, sólo un ventanal enorme al fondo abierto de par en par. Entraba a chorros la luz templada de un país nórdico, y se veían ramas desnudas como látigos o manos negras que esperaban estrellarse contra un cielo blanco-imposible.
Estaba allí sentada, con la espalda contra la pared de madera, y podría ser verano, verano nórdico, porque sentía la tibieza de esa luz derramándose sobre cada una de las superficies cóncavas. Diáfana la luz como la voz humana al lamentarse.
Entró mi vida de repente y me vio allí, con todos los papeles donde estaba tratando de vaciarme esparcidos por el suelo alrededor, y vio también las cosas que se fuerzan por el ímpetu y la necesidad, las aguas que se anegan de pura saturación.
Se agachó frente a mí –me estoy ocupando personalmente de que no puedas tener otra cosa-, se rieron sus ojos enteramente negros, sin parte blanca, y yo lo único que quise fue arrojarme sobre ella y tumbarla sobre la luz- ¿era esto, maldita, era esto lo que tenías reservado para mí? -y reventarla con mi peso.
domingo, diciembre 10, 2006
Algo insólito
jueves, diciembre 07, 2006
Aterrizaje en la lejana Casiopea
Había aparcado el coche muy cerca de tu casa. Era fiesta en la noche cósmica, el cielo por encima de las casas estaba de color naranja intenso y habían abierto el tejado de una iglesia para poder lanzar fuegos artificiales desde la nave principal.
Deliciosamente frío, el patio. Hacía tanto que no la veía. Pero sonreía de una forma que ya casi tenía olvidada y la ayudaba con cuidado a cruzar los charcos que se habían formado con la lluvia. En uno de esos charcos quiso quedarse al otro extremo, pero yo lo atravesé y ella siguió mirándome desde lejos, porque al barquero hay que pagarle el importe exacto siempre aunque no haya olas ni viento.
Me dí la vuelta intentando abrirme paso entre la multitud, recordando de improviso una llamada telefónica del pasado mientras mentalmente le daba las gracias a Eva por lo de la manzana y le pedía a una Virgen –no a la que le rezan los santos, sino a esa otra que tiene su trono granate junto al de Plutón- que me devolviera al mundo de los vivos a cambio de no mirar nunca más hacia atrás para no convertirme en estatua.
Confirmé mi posición: “Jueves en gris condensado y penumbra”, pero la radio del coche dejó de funcionar justo al abandonar la órbita de las gigantes rojas que explotan y se extinguen. La carretera seguía iluminando el camino hacia el Planeta de Hielo. Desde los radares escuché la advertencia de los altos mandos espaciales: “El sueño de 75 años ha terminado. Abandona la búsqueda”.
Ya no estás aquí ni en ninguna otra parte, pero el universo conserva algo de su calor, y un brillo muy tenue disperso.
Deliciosamente frío, el patio. Hacía tanto que no la veía. Pero sonreía de una forma que ya casi tenía olvidada y la ayudaba con cuidado a cruzar los charcos que se habían formado con la lluvia. En uno de esos charcos quiso quedarse al otro extremo, pero yo lo atravesé y ella siguió mirándome desde lejos, porque al barquero hay que pagarle el importe exacto siempre aunque no haya olas ni viento.
Me dí la vuelta intentando abrirme paso entre la multitud, recordando de improviso una llamada telefónica del pasado mientras mentalmente le daba las gracias a Eva por lo de la manzana y le pedía a una Virgen –no a la que le rezan los santos, sino a esa otra que tiene su trono granate junto al de Plutón- que me devolviera al mundo de los vivos a cambio de no mirar nunca más hacia atrás para no convertirme en estatua.
Confirmé mi posición: “Jueves en gris condensado y penumbra”, pero la radio del coche dejó de funcionar justo al abandonar la órbita de las gigantes rojas que explotan y se extinguen. La carretera seguía iluminando el camino hacia el Planeta de Hielo. Desde los radares escuché la advertencia de los altos mandos espaciales: “El sueño de 75 años ha terminado. Abandona la búsqueda”.
Ya no estás aquí ni en ninguna otra parte, pero el universo conserva algo de su calor, y un brillo muy tenue disperso.
miércoles, diciembre 06, 2006
Llévame a casa
lunes, diciembre 04, 2006
Estado de gracia

Se puede morir más de una vez. De hecho, lo que resulta extraño es perder la vida en una sola ocasión.
El consuelo de la pertenencia. ¿Y si no perteneces a nada?
Estoy bajo las luces azules. Ése es mi privilegio. Aunque haya tardado once años y ocho meses en empezar a calibrar su precio.
Llegué ante vosotros, como un cadáver sin exequias, allí donde la furia no existía, allí donde la enfermedad no tiene nombre. Celebrábais una fiesta y quería quedarme con vosotros, pero me dijisteis: “Todavía no es tu momento; márchate de aquí”, de modo que bajé llorando las escaleras y regresé como si lo hubiera hecho de una era anterior al propio cómputo del tiempo, de una galaxia previa a todos los sonidos.
Llegué ante vosotros, os enseñé las manos vacías y pedí perdón setenta veces siete aun sabiendo que no sería suficiente una vida entera de expiación para redimirme.
Cuando consiga por fin limpiar mi culpa será todo para ti, porque me he pasado once años y ocho meses yendo al mismo sitio a ver si había suerte y te encontraba. Pero mientras espero sólo me apetece hundir los brazos en la tierra para llegar hasta los huesos que duermen en lo profundo.
viernes, diciembre 01, 2006
Bienaventuranzas
Hace mucho tiempo me pasaba el año entero ocupada: robando lilas en verano, aprendiendo a hacer manzanas asadas en invierno; por el día prestando atención para escuchar a los ángeles -tienes que estar muy callada, mira bien porque irán corriendo a esconderse y seguro que se les cae alguna pluma blanca- por la noche tratando de encontrar el lucero del alba del que me hablabas siempre.
Y no hacía falta nada más, porque éstas eran las cosas importantes.
Y no hacía falta nada más, porque éstas eran las cosas importantes.
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