miércoles, mayo 30, 2007

Como en una canción de Marlango


Justo ésa que repite: I suppose that´s normal, I suppose that´s average, but I refuse to think that´s life for me...

Porque no tenía ni idea. Me pasaba las noches escribiendo, convencida de que todo lo demás era perder el tiempo. No era consciente de nada cuando los ascensores se cerraban y ya estaba amaneciendo sobre la ciudad, siempre esa niebla en los últimos meses del invierno. No sabía nada, sólo atravesábamos las puertas y se nos hacía de día bailando en las plataformas. Pleno Agosto, yo conducía en paralelo al azul, y qué lejos quedaba Maine de allí.
En todos esos años de viajes, de quererlas y de odiarlas, de fumar en tu balcón, de que te subieras en mi coche, del verano anticipado en aquel mes cuando te miraba dormir agotada, de bailarte y bailarme el agua, de velar todas las noches y dormir todas las mañanas, de ver cómo sin hacer nada caían cosas del cielo, de que pudiera descubrirte gracias a un apagón, de las horas previas a que se vinieran abajo las Torres Gemelas (te ví esa mañana vestida de rojo), de ser testigo, Juez y parte, de la cal y de la arena, de poseer y de llorarles, de hacer desaparecer mi propia casa… en todos esos años no tenía ni idea de nada.
No sabía lo que era la vida real, y ahora que la tengo delante, me horroriza.

sábado, mayo 26, 2007

Maine en llamas


Cuando hablé contigo por teléfono bajo la tormenta, los edificios se estaban disolviendo. De noche, lejos, lejos, hay un incendio que no cesa. A veces las llamas son rojas, a veces son azules y fatuas, al amanecer se vuelven siempre blancas con la niebla, y la luz que hay en ese momento en las carreteras puede llegar a hacerme llorar. Caminé hasta allí yo sola, aún sosteniendo la voz invisible en la mano, porque dijiste que estabas en el lugar del incendio, y me crucé con aquel hombre que se marchaba solo a casa tras salir del hospital donde a su esposa algo le devoraba los huesos. Sólo una adolescente presenció cómo la ciudad se caía. De noche, lejos, lejos, cambió el color del fuego, y era negro, y era malva, y era pura luz y pura rabia y todo el flujo y las entrañas y el temblor y los cristales y el rugido de la carne que tratabas de ocultar bajo esas alas gigantescas que estaban tirando las paredes de todos los rascacielos y que obligaron a cortar las principales vías de acceso.

Todas las ciudades, tarde o temprano, arden.
Envuelta en llamas, olvidando el fuego, bailaré sobre las ruinas de Maine.

miércoles, mayo 23, 2007

Coma aparente



Me quedé dormida al volante, y cuando desperté eras tú la que me estaba clavando el bisturí en la mesa de autopsias. No me quedó más remedio que olvidarme de que era un cadáver y tumbarte allí mismo para que mi lengua te devolviera el pinchazo.

domingo, mayo 20, 2007

Qué queda

Mi corazón grita sus nombres en mitad de una comida familiar de muertos. Toda mi sangre tumbada, entre el frío y el sueño, continúa gritando esos nombres vacíos, remotos, desgastados, resonantes y tensos como pieles de tambor contra la lluvia que golpea por la noche.
Entre el frío y el sueño, se han quedado vacías las casas en las que viví hace mucho tiempo; inviernos con un alfil negro, mañanas frías con la reina blanca. Sus nombres ya se han ido. Sólo llegan los ecos de vez en cuando, si se empeña diosa Memoria, y mi corazón resiste los embates de las mareas como una pared de roca viva. Ahora lo veo más claro. Soy una cueva excavada en un acantilado frente al mar furioso, y las olas se estrellan sin descanso contra mis paredes. Una tras otra golpean. Todo el tiempo, una tras otra, ruido y furia, y el cielo permanece gris y en calma. Soy una pared reverberante de roca ante las altas olas. Y el eco de los nombres solloza en mis esquinas, mi corazón se ha hecho de piedra y se resbala. Es ahora cuando lo entiendo. No eres hija de nadie, no eres hija de nadie, y mi cansancio se rinde. Una tras otra las olas estallan, subiendo por encima de las piedras, creciendo para tocarme, y con ellas van los nombres que se lleva el viento, los únicos que mi corazón querría pronunciar pero le están vedados, y por eso permanece quieto, húmedo, cansado y en silencio, envuelto sobre sí mismo entre las rocas tanto tiempo que ha llegado a confundirse con ellas.

No queda nada. La boca llena de nieve, y nazis en el Kit Kat Club.

jueves, mayo 17, 2007

Rouge


Mayo fue intensamente rojo. Había luz en su casa después de conducir desde la ciudad al amanecer y habernos pasado la noche bailando. Eran rojas las ventanas abiertas y la madrugada entrando a borbotones; era rojo el hielo de las copas, el humo del tabaco y el sonido de sus uñas sobre el cristal de los vasos. Vertías el licor mientras bailabas, yo podía verte, como el divino escanciador de la leyenda griega. Te creé y eras roja como el estallido de la sangre, pero yo no era ningún dios, así que no pude retenerte en el Olimpo para que continuaras sirviendo el vino en las copas. Te creé y no pude mantenerte. Mi creación escapó de mí y habló.
En rojo, algo así parece posible. Pero el hecho de que los dioses bailen sobre cristales empaña las mentes más lúcidas.

martes, mayo 15, 2007

Despiértame, Musa

Tengo el mejor sitio, al menos: desde aquí puedo ver tigres de color verde que tiran del carro del sátrapa de Persia. Llevan diamantes blancos en la frente y pulseras de oro alrededor de sus patas, y la mejor sensación que conocen es correr cuando amanece. Y las tres hijas del sátrapa cabalgan sobre ellos en el verano de los 14 años. Disparan sus flechas y huyen, mientras llueve todavía, para que el enemigo no pueda distinguirlas a través del agua.
Antes de llegar a la última línea de luz sobre el suelo, la hija pequeña se gira y tensa su arco de nuevo. Va a asegurarse de que todos los pretendientes han caído.

miércoles, mayo 09, 2007

Lo posible, lo real

Podría enamorarme de un arquero, corsario de una isla que cabalga por mares cálidos muy lejos de Maine.
Podría enamorarme de una mujer fatal, sicaria del dueño de un club de jazz de alguna ciudad como Chicago. Y el pelo le cubriría siempre uno de sus ojos cuando sacara la pistola.
Podría enamorarme de un actor mediocre que me sonríe todos los días en el bloque de oficinas, y yo nunca sé si es franco pero al menos lo parece por debajo de la máscara.
Podría enamorarme de la adolescente que escapó de casa y a la que descubrí llorando mientras Audrey cantaba Moonriver en la ventana.
Podría enamorarme de un oficial de las SS, o del jovencísimo soldado francés que recibió a tiempo su disparo en la trinchera de enfrente.
Podría enamorarme de una nueva Sherezade que me mantuviera despierta con mentiras cada noche.
Podría enamorarme de ella, que me llenó de humo las mañanas para olvidar la nieve.
Podría enamorarme de un castrati de otra época.
Podría enamorarme de una Gilda de carne y hueso.

Y no estar sola.

Pero.

lunes, mayo 07, 2007

El último Pigmalión

Sacaron al anciano de la casa dando alaridos. Su soledad arrastrada desde hacía tantos años le había llevado a desenterrar a su único hijo y a conservarlo junto a él en su taller durante días, como si fuera un muñeco de madera que le contaba una y otra vez la mentira de estar vivo.

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miércoles, mayo 02, 2007

Lázaro

No sé muy bien qué he soñado esta noche; pero creo haber vuelto a la luz desde un estado de duermevela con la agradable sensación de haber pasado la noche enferma y despertar curada. Le parece a mi mente como si te hubiese tenido entre mis brazos en lo oscuro, como si me hubiesen arrastrado las horas susurrándote pecados al oído y tú rieras apretando la cara contra mi hombro, con todo el pelo extendido hacia atrás como una sombra sobre el sudario.
Ha sido sólo un sueño, como el del hombre que creyó oir: “Levántate y anda”. Te dejabas abrazar y te reías, y ya no eras piedra ni hielo ni la soberbia reina de Maine en sus dominios, sino cálido vapor de agua en mis muñecas.
who's onlineCaminantes en la niebla

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