Como en una canción de Marlango

Justo ésa que repite: I suppose that´s normal, I suppose that´s average, but I refuse to think that´s life for me...
Porque no tenía ni idea. Me pasaba las noches escribiendo, convencida de que todo lo demás era perder el tiempo. No era consciente de nada cuando los ascensores se cerraban y ya estaba amaneciendo sobre la ciudad, siempre esa niebla en los últimos meses del invierno. No sabía nada, sólo atravesábamos las puertas y se nos hacía de día bailando en las plataformas. Pleno Agosto, yo conducía en paralelo al azul, y qué lejos quedaba Maine de allí.
En todos esos años de viajes, de quererlas y de odiarlas, de fumar en tu balcón, de que te subieras en mi coche, del verano anticipado en aquel mes cuando te miraba dormir agotada, de bailarte y bailarme el agua, de velar todas las noches y dormir todas las mañanas, de ver cómo sin hacer nada caían cosas del cielo, de que pudiera descubrirte gracias a un apagón, de las horas previas a que se vinieran abajo las Torres Gemelas (te ví esa mañana vestida de rojo), de ser testigo, Juez y parte, de la cal y de la arena, de poseer y de llorarles, de hacer desaparecer mi propia casa… en todos esos años no tenía ni idea de nada.
No sabía lo que era la vida real, y ahora que la tengo delante, me horroriza.
Porque no tenía ni idea. Me pasaba las noches escribiendo, convencida de que todo lo demás era perder el tiempo. No era consciente de nada cuando los ascensores se cerraban y ya estaba amaneciendo sobre la ciudad, siempre esa niebla en los últimos meses del invierno. No sabía nada, sólo atravesábamos las puertas y se nos hacía de día bailando en las plataformas. Pleno Agosto, yo conducía en paralelo al azul, y qué lejos quedaba Maine de allí.
En todos esos años de viajes, de quererlas y de odiarlas, de fumar en tu balcón, de que te subieras en mi coche, del verano anticipado en aquel mes cuando te miraba dormir agotada, de bailarte y bailarme el agua, de velar todas las noches y dormir todas las mañanas, de ver cómo sin hacer nada caían cosas del cielo, de que pudiera descubrirte gracias a un apagón, de las horas previas a que se vinieran abajo las Torres Gemelas (te ví esa mañana vestida de rojo), de ser testigo, Juez y parte, de la cal y de la arena, de poseer y de llorarles, de hacer desaparecer mi propia casa… en todos esos años no tenía ni idea de nada.
No sabía lo que era la vida real, y ahora que la tengo delante, me horroriza.




