lunes, julio 30, 2007

Umbrae

Al doblar la esquina de un pasillo, al cruzar una de las puertas de mi casa, al volver a abrir los ojos después de un parpadeo, me encuentro en ocasiones, de manera fortuita y cuando menos me lo espero, con mi doble de pelo negro y ojos sin parte blanca, Maine oscura, la que me obliga a mirar sujetándome la cara y me recuerda cuál es el origen y el final inevitable de mi sangre.
Luego se va buscando las sombras, se funde con ellas y a mí me deja quieta, consciente, domesticada.
A estas alturas podría haber aprendido a esquivar sus visitas, pero, ya lo he dicho, aparece cuando menos me lo espero.

viernes, julio 27, 2007

Que la noche llega


Quiero que llegues, como la luz de un foco en plena noche de bosque, y que me derribes.
Y al amanecer te haré el amor, igual que entonces, con los ojitos pardos.

miércoles, julio 25, 2007

Devenir

Te sentías como un piel roja adolescente, jinete a pelo de un potro castaño sudoroso por llevar galopando desde el alba. Aferrado a sus crines, eras la imagen perfecta de la libertad reflejada en el agua; nada habría sido capaz de detener tu vuelo; si en ese momento se te hubieran puesto delante las bayonetas te habrías lanzado sin miedo contra ellas cantando en lengua india. Gritabas y te incorporabas sobre tu montura para acelerar su carrera, se te caían del pelo las plumas y la única flecha del carcaj pero no te importaba, salía fuego de los cascos tras de ti, tu pecho todo entero era un temblor de tormenta y tierra.
Así, del mismo modo, se fraguan las pasiones meteóricas, en los rincones más profundos y secretos del acontecer.

lunes, julio 23, 2007

Orillas de la levedad


Pronto será Agosto. Pronto será Noviembre. Se desmayan las estaciones y yo vuelvo a sentirme frágil, de paso, extraordinariamente leve. Qué hay sino cenizas blancas dentro de nosotros. En algún desierto del lejano Oriente me dijeron que quien sabe dibujar tiene el alma limpia y la sangre mansa… Y qué más quisiera yo, que puedo todavía dibujar cada uno de sus gestos, que tener el alma sosegada…

sábado, julio 21, 2007

Después de las 12

El día siguiente a su noche de bodas se dio cuenta de que nada iba a ser distinto. Sólo el escenario había cambiado, y éste, al ser más grande, tenía más patios, escaleras y pasillos que limpiar.

jueves, julio 19, 2007

Mientras nieva sobre Maine

Aquí, la magnífica crítica del Doctor, Crítico de Blogs, a mi bitácora.
Echadle un vistazo a su blog, que sus críticas son de lo más agudas y certeras.
Mil gracias, doc.

miércoles, julio 18, 2007

Nada llega a tiempo


No se atreve el huracán a detener su vorágine, porque si se parase, si dejara de girar, de arrastrarlo todo en su camino y de llevárselo consigo, se daría cuenta de que no es nada, de que está solo.

lunes, julio 16, 2007

Cuarto menguante


¿Sabes cuando tienes 16 años y crees que te va a explotar el pecho?
Todos los cielos eran naranjas, y llorabas, de pura saturación, sin entenderlo todavía pero consciente de que aquello no iba a repetirse nunca.

sábado, julio 14, 2007

Alborada

Me da miedo que llegue el sol a Maine, que se me derrita el blanco del invierno y que el paisaje entero de la ciudad se transforme.
Me da miedo que eso ocurra, porque, ¿qué será de mi reino si la niebla se disipa?

miércoles, julio 11, 2007

Azul azul azul


Azul en la habitación y una ventana sin cortinas abierta de par en par al anochecer de verano. Intenso olor a noche, y los veranos que fueron. Siempre lenta regresaba la noche y con ella la calma, un cigarrillo tras otro mientras se hacía cada vez más violeta. El televisor encendido frente a la cama reproducía entonces los mismos tonos azules que sonaban, un poquito de frivolidad para hacer frente al piano de la señorita Krall. Libre y rota como un muñeco sin brazos tirado sobre las sábanas, la mirada dispersa en el aire cuando oscurecía. Azul claro, azul profundo en oleadas desde la ventana. Últimos días de colegio y al día siguiente volvería a verla. La libertad me daba alcance desde la carretera llena de luces.

domingo, julio 08, 2007

Bámbola

Llegó hasta allí, empapada, chorreando, con estrellas en el pelo y todo el fuego sobre su frente; llegó hasta allí, agotada, y a la primera luz lanzó los dados y envió a todos sus ejércitos a la última de las batallas.

miércoles, julio 04, 2007

Épica insignificante


Nací en Rusia, donde siempre hay luz de invierno incluso dentro de las casas. Se me quedó pegado en la piel el blanco de la nieve y en los ojos el azul de los zares. En los bosques altos y densos de Kiev emprendí mi viaje junto al príncipe Igor, tomé prestado su caballo cuando le hirieron y en los días que se echaron encima después de aquello los cisnes supieron defenderme de los lobos.
Durante los años que duró mi peregrinaje pagué tributos a reinas desagradecidas, comencé a darme cuenta de que Urano era mi guerrero favorito y aprendí a identificar a mi enemigo desde el principio para que algo así no volviera a cogerme desprevenida. Me escapaba al mediodía para ver a los espadachines rubios con los que no acababa de llevarme bien y por las noches desde el ala oeste miraba los trenes escondiéndose a través de las montañas mientras escuchaba de los bardos grandes cuentos de amor entre niños vampiros que demostraban ser más valientes que los héroes épicos.
Se me hacía de día en la ventana, y el sonido más conmovedor que sigo escuchando ahora es el de las sirenas de los coches patrulla rompiendo en el azul desvaído del amanecer.