miércoles, noviembre 28, 2007

Sórdida


La carretera que permite salir de Maine está siempre bloqueda. Y las carreteras de acceso se cierran al amanecer. Amanece en blanco sobre Maine, siempre en blanco.
Esta noche he intentado otro camino, uno más largo, casi desconocido, con la esperanza de ver el final a lo lejos. Pero el final era sólo un abismo que cortaba el asfalto y no permitía seguir adelante. Y me he sentado en el borde, con las luces de mi coche todavía encendidas, y me han dado ganas de precipitarme hasta el fondo, porque cada vez tengo más claro que nunca voy a conseguir escapar de esta maldita ciudad de la niebla.

martes, noviembre 27, 2007

La danza de Odile

Cuando Sigfrido quiso disparar su flecha contra el cisne blanco, sabía que el cisne era Odette. Y cuando escogió a la hija de Rothbart en el baile de palacio, también sabía que aquella mujer de negro no era Odette.

viernes, noviembre 23, 2007

La llama tóxica

He vuelto a casa, borracha y colocada, y he tirado las llaves del coche sobre el carísimo sofá italiano. Casi ni la he visto hasta que ha hablado. “Querida Maine…”, me ha dicho, “lo que tanto proteges no es más que un fuego tóxico... Has aprendido a destruir para poder amar… primero matas, luego consideras la posibilidad de amar al cadáver. Porque la muerte idealiza, y tú ya la has mirado a los ojos tres veces”.
Y al escucharlo me he sentido tan en paz como el día del accidente, cuando mi coche casi volcó y no se lo conté a nadie.

martes, noviembre 20, 2007

Welcome to Maine

Qué extraños y deliciosos personajes pueblan Maine los días de lluvia. Algunos no tienen cara, otros (los más) no tienen manos. Se asoman a las ventanas de los porches, nunca salen de sus casas porque tienen la sangre tan helada que sus venas se han convertido en finos cables de cristal endurecido que no permiten el movimiento de las articulaciones. La permanencia en Maine lo es todo. Por eso las vidas de sus habitantes son cíclicas, por eso el Hotel más conocido en la ciudad tiene los pasillos circulares. Por eso es imposible huir. Y si llega hasta allí un extraño, después de haber conducido durante horas a través de una niebla sofocante, y deja su coche en el enorme aparcamiento abandonado, e incluso se atreve a adentrarse por las calles en silencio cubiertas de un blanco atroz, los habitantes de Maine le mirarán (le miraremos) con desconfianza y con lástima, porque es posible que los últimos visitantes ya no recuerden ni siquiera cuándo ni cómo llegaron hasta aquí, hasta las mismas carreteras insondables que no acaban, y no se reconozcan en este nuevo extranjero que, si permanece atento al borde de los parterres encharcados, cerca de las canchas de deporte vacías y de las casas a ambos lados, y se mantiene sigiloso y repitiéndose su nombre para poder escapar si así lo quiere, quizá vea la mitad de una cabeza sin rostro desistiendo de mirar por la ventana de algún porche, o a algún hombre sin manos que camina, deslizándose como un leproso, justo por la mitad de la avenida principal hasta el reloj, herido de conmiseración y de abandono, resignado en el recuerdo de todos los inviernos, congelado, muerto de frío, en realidad muerto del todo.

lunes, noviembre 19, 2007

... y tres

¿Cruel? Nunca dije que me quedaría. Y, sin embargo, siguen llamándome mentirosa.
Cedo mi corona de hielo esta noche, hay veces que me pesa demasiado.

jueves, noviembre 15, 2007

Just in case


Te dejaré mirar esta noche, cuando me ponga mi vestido negro y me desborde los labios de rojo. Me pintaré los ojos mientras las montañitas blancas esperan su turno de sobredosis posadas en las bandejas. Una bandeja plateada en cada habitación, ya sabes, caro, just in case, para que nadie haga tantas preguntas y todo posea el encanto de lo fácilmente escurridizo. Prepararé las iniciales una a una, con toda la corte rendida a mis pies, tendré mucho cuidado al elegirlas pero sólo las haré una vez, así que estáte atento a mi señal si quieres seguirme esta noche y ve pensando en algo que decirles a mis víctimas cuando me supliquen piedad si se resisten, caro mio, ya sabes, just in case.

martes, noviembre 13, 2007

Noir


Me dieron el aviso, tras horas espiándola en el coche. Había entrado en mi antigua casa, y yo apagué las luces y me escondí con la pistola cerca de la boca por si era preciso empezar a disparar en rojo. La ví deslizándose por los rincones, abriendo todos los armarios. Después de revolver en mis papeles quiso marcharse por la ventana de la cocina, y yo tardé unos segundos en mirarme al espejo y seguirla. Atravesé aquel pasillo y llegué justo a tiempo para verla descender por aquella ventana que daba siempre a las últimas luces del día. Me vio y quiso apresurarse, pero yo corrí para agarrarla por las muñecas y sin dejarla reaccionar se las separé del alféizar, manteniéndola en el aire. “Podría soltarte si quisiera”. Ella me miró con un odio extremo. Quise volver a apoyar sus manos en la barandilla para que pudiera sujetarse y cesara su pánico, pero ella hizo de repente un movimiento brusco con el brazo tratando de alcanzarme la cara con las uñas y perdió el equilibrio. Agitó en el aire las manos desesperadas y no pude cogerla. Ví cómo caía hasta que su cabeza se estrelló contra el suelo y todos sus rizos se quedaron esparcidos y quietos. Luego disparé contra la última farola de la calle.

viernes, noviembre 09, 2007

El filo acogedor

Me llegó la última postal del capitán de un buque de niebla. El sello remitía a desconocidos mares europeos que trataba de calmar en su viaje sin saber que le tragaban poco a poco. Aguardé toda mi adolescencia recluída en una torre, los capitanes esconden sus tesoros en las profundidades más abruptas y yo era para él una figurita de cristal que le aterraba. Y comenzaba a resquebrajarme en la espera del invierno, a mil metros sobre el hielo el hielo era yo misma, ya no me quedaban largos cabellos rubios que lanzar balcón abajo y todo el día era una sombra que esperaba, guardianes que durmieran o postales desde Rusia, allí donde los cisnes habían huído volando y el blanco horripilante de sus alas cubría la cara más redonda de la luna cada noche. Y cuando regresó a buscarme, su tripulación rendida, su buque hecho pedazos, encontró enloquecido a mi guardián y todo el cristal de mis mejillas arañado, recogió su figurita blanca y se sorprendió de que aún no estuviera rota, al menos no la capa que sirve de adorno y se sostiene tan precariamente en el filo.

martes, noviembre 06, 2007

Reyes

Alguien tiró la piedra y escondió el brazo.
Y David se cubrió de gloria.