miércoles, enero 30, 2008

A mi señal pondremos fin


Muy despacio me deslizaba sobre ella, lentamente le apretaba la garganta con los labios, más despacio todavía se le escapaban los gemidos como a un pez hecho de humo. “Házme olvidar,” me suplicó. Y me detuve en seco. La miré y comprendí.
Besé su frente y sus ojos con suavidad triste, cubrí con mis sábanas su desnudez y salí al balcón a fumarme la noche. Poco después escuché cerrarse la puerta de la calle, y la luna se apiadó conmigo.

martes, enero 29, 2008

Consuelo de necios

He buscado en el amor el sueño del olvido,
pero para mí el amor no es más que un colchón de alfileres.

(Baudelaire)

Entre tu boca y la mía hay mil mares de silencio. Al otro extremo, mi gato blanco me cuenta sin hablar la historia de los tres hijos del zar que se convirtieron en cisnes. También sin hablar me confiesa que echa de menos su tierra natal. Yo echo de menos lo que nunca he tenido, y ésa es la más pura y la peor de las nostalgias.

Hay días que no me levantaría de la cama ni para cargar de tinta la pistola.

lunes, enero 28, 2008

Llora conmigo

Cuando tenía once años una monja de mi colegio me regañó severamente por pillarme leyendo a escondidas al marqués de Sade en plena clase de religión. Indignada, comentó que cómo era posible que una señorita leyera tales aberraciones, a lo que yo repliqué que Sade era un clásico tan respetable como lo era la Biblia. Eso acrecentó el tono rojo de su cara y dio por zanjada la conversación.
A la zarina le brilló el azul de los ojos cuando se lo conté, se sintió orgullosa de mí y dijo que la próxima vez me daría un libro de D.H. Lawrence y que sólo se enfadaría conmigo si lo escondía bajo el pupitre para leerlo.
Cualquier otra habría impuesto a sus hijos un castigo absurdo. Cualquier otra no habría oído hablar en su vida de Sade ni de Lawrence.
¿Comprendes ahora mi dolor?

viernes, enero 25, 2008

Hybris

Eva les vio tendidos sobre las flores y enseguida supo lo que tenía que hacer. Si ella incumplía la prohibición de comer del Árbol y conseguía que les expulsaran del Jardín, Adán y el ángel no volverían a verse jamás.

jueves, enero 24, 2008

Insha'Allah

Ninguna estación es inapropiada para las tormentas de verano. Supongo que ningún corazón tampoco.

lunes, enero 21, 2008

Trágica Gioconda


Cuando vivía en Maine solía ir muchas noches a un club de jazz cercano a la carretera, donde siempre había más niebla dentro que en la propia calle. Y no iba especialmente por la música ni por el ambiente, sino porque una rubia se sentaba siempre en el mismo rincón, entre el humo y el rojo, y siempre tenía los mismos ojos tristes. Nunca me atreví a decirla nada para no interrumpirla, porque cuando alguien se mantiene triste las raíces son tan oscuras y profundas que no deben cortarse con preguntas impertinentes. La rubia me miró una sola vez en todo el tiempo que viví en Maine, recuerdo exactamente dónde aparqué el coche aquel día y el sonido que salió del saxo justo en ese momento. Sólo una vez la bastó para traspasarme aquellas raíces. Los años que siguieron fueron de sombra, y a ella, aunque la anduve buscando por todos los moteles de la Ruta 66, no volví a verla nunca.

jueves, enero 17, 2008

Carrusel y baile de máscaras

Me acerqué a la feria que hay al lado del puerto por la noche, cuando ya todas las norias están cerradas y sin luces. Qué distinto de aquella vez, cuando el neón tocaba el cielo y aún quedaban buques amarrados frente a las tabernas de madera. Pero no era de noche del todo, sino esa hora nublada en la que empieza a oscurecer y los antros donde leen poesía las prostitutas todavía no derraman su amarillo por las ventanas. Todo el puerto estaba encharcado, los tiovivos cubiertos con lonas. Me senté a esperar al capitán del barco hundido, pero esta vez el capitán no acudió a mi cita. Conservé la calma durante horas, apreté en el puño lo que había traído hasta allí para devolverle; después uno de los marineros de imposible mirada azul me lanzó un piropo y entonces lo dí todo por perdido. Resignada, furiosa, llorando, tuve que regresar a Maine.
A veces los fantasmas se distancian. A veces me llaman por mi nombre y les respondo porque no me dan miedo, porque quién dice que los muertos no son seres reflexivos, verdaderos acróbatas de ferias tristes donde ya no espera nadie. En realidad no se diferencian mucho de lo que fue aquello, nada más que un maldito circo ruso de acróbatas.

martes, enero 15, 2008

Beneficio de la duda


Vendí mi alma al azul, y ya es tarde para arrepentirse. Paso las noches fumando, viendo Gilda, escuchando canciones tristes, tratando de encontrar las siete diferencias, echándome de menos.

domingo, enero 13, 2008

Hoy no

La mañana más triste de todas tuve que ir a recoger un vestido rojo a la tintorería, y la niebla cubría todo Maine hasta más allá de la ciudad.

jueves, enero 10, 2008

Única autopista hacia la noche


Desde mi exilio en el cielo de Urano, tan lejos en esta oscuridad polar, considerando la belleza estúpida de lo contingente y echando tanto de menos el calor, me pregunto qué se ha hecho de todo lo imprescindible, las tardes en calma que pasaba sola en los tejados cuando no había tanta niebla, la carretera por la noche y el rugido de sus hambrientos lobos metálicos, qué se ha hecho de mis días perdidos bajo los faros de Maine, los libros de Catulo, el collige, virgo, rosam, las cabinas salpicadas de lluvia donde se refugian para morir todas las rubias y el sabor de las naranjas en su boca… No me habría importado entonces deslizarme hasta explotar, porque
lo que cambia el curso del universo
siempre es una llamada telefónica de madrugada.

miércoles, enero 09, 2008

La voluntad

El hombre no se rinde a los ángeles, ni enteramente a la muerte, salvo tan sólo por la flaqueza de su débil voluntad. (Joseph Glanwill).

Me fascina el relato de Ligeia desde que tengo uso de razón. Su comienzo es uno de los que me sé de memoria: “No puedo, por mi alma, recordar cómo, cuándo ni precisamente dónde trabé por primera vez conocimiento con lady Ligeia…” También recuerdo el de Morella, pero de Morella hablaré otro día, si es que no lo he hecho ya, lector perspicaz.
El poder de la voluntad del ser humano debería ser más fuerte en él que cualquier otra consideración o circunstancia. Por eso la muerte, para lady Ligeia, no era más que la escasa voluntad por seguir viviendo. No desvelaré el final del relato, tratándose de cualquier otro no me importaría lo más mínimo, pero no lo haré con Poe. De modo que, fieles lectores, si me aprecian sólo un poco, háganme el favor de pasar un par de horas esta noche con la fascinante lady Ligeia, no se van a arrepentir.
He leído que existe una creencia filosófica según la cual no todos los hombres son inmortales; sólo pueden aspirar a disfrutar de otra vida después de la muerte aquéllos que han sabido aprovechar esta vida para “hacerse” su propia alma, desarrollando al máximo su intelecto, su sensibilidad, sus capacidades y su talento. Sólo de esta forma habrían dado por válida su existencia y serían merecedores del premio. Al menos es una teroría bastante romántica, y tiene un matiz elitista tan encantador… nada de portarse bien con el prójimo, sólo cultivar la mente y el espíritu. Todo lo demás es perder el tiempo. Sospecho que mi querida Ligeia se mostraría totalmente de acuerdo con algo así.

lunes, enero 07, 2008

Noche de Reinas


Hubo otra reina en Maine mucho antes que yo, esto seguro que no lo sabíais. Pero ella tenía el pelo negro y los ojos más azules que los míos, sin ese borde gris que no termina de convencerme. Todavía nos vemos a escondidas muchas veces, porque aunque hace algún tiempo que ella dejó a un lado los asuntos de estado, sigue siendo mucho más sabia y sobre todo más justa que yo. Anoche se presentó de improviso en mi casa y me trajo un regalo. Cómo me conoce. Es la única persona ante la que me inclinaría, la única que merece todas mis reverencias. Descorchó la botella y propuso brindar por los reos. Porque a mí nunca me ha impresionado la muerte y hace años que ella ya sabe que mi pulgar se extiende hacia abajo cuando se trata de presidir cualquier espectáculo donde alguien se la juega para entreternos.

miércoles, enero 02, 2008

Buenos propósitos

Soy una snob, a estas alturas ya os habréis dado cuenta. No me caen bien los pobres, no me interesan las minorías ni sus problemas, me dan exactamente igual las tragedias del tercer mundo, no estoy sensibilizada con ninguna causa y sólo sé rezar para que la noche no se me eche encima antes de ver a mi musa. Me declaro una reina solitaria, odio la autocomplacencia y la lástima, y este año pienso redoblar mi cinismo. Voy a volverme –todavía más- un bloque de hielo sin escrúpulos que echa el humo del último cigarro sobre cada una de vuestras caras para no distinguirlas. Pero es una pena que por la mañana el triunfo de la noche parezca disolverse siempre. Porque de qué sirve saltar de casilla en casilla derribando peones a lo largo de todo el tablero cuando sólo tienes un nombre empujando en la garganta, o cuando no tienes ninguno.

Hay mil muros levantados en mi reino. Será verdad, entonces… Si no puedo con todos ellos, no me quedará más remedio que abdicar.