jueves, febrero 28, 2008

Cadáveres en el armario

O callas tu tragedia o la utilizas para crear belleza. Yo escojo la tercera opción, la que siempre se esconde en la mitad de los dos términos: la sugiero. Por eso no puedo evitar reírme cada vez que pienso que mientras yo, a solas, me arañaba las muñecas de pura desesperación, tú, también a solas, llorabas de rodillas en tu cama de satén con el auricular apoyado en el escote y uno de los tirantes negros deslizándose desde tu hombro. Y seguimos, empeñadas, a solas en lo bello trágico: yo bajo la lluvia esperando todavía, tú muerta de miedo sobre sábanas que imaginas ataúdes. Yo dando de comer a los gusanos, tú rechazando, uno tras otro, todos los privilegios que te he ofrecido. Explícame cómo es posible que lo mejor para las dos sea esto.

martes, febrero 26, 2008

Reinvention

He aquí una ecuación indescifrable, una deliciosa utopía algebraica en honor a la cual pagaría de nuevo por la vocación matemática:
La una no existía -no podía existir- sin la otra. La presencia de una no tenía ningún sentido sin la presencia de la otra, pues ambas eran a la vez tan abstractas que se sostenían mutuamente. Como los exponentes y las bases, como los ojos afilados de los logaritmos. Como corcheas en mitad de una gráfica x/y.
Ahora llega la tercera incógnita, en un momento muy fácil para ser reinventada, y con ella la gráfica deja de ser bidimensional. Pero ahora, superadas las antiguas cifras, me faltan las dos mitades esenciales y la fórmula está incompleta. En el laboratorio me advierten del peligro de crear realidades paralelas y guardarlas en las probetas, pero yo, sin poder evitarlo, me reafirmo y para no preocuparles contesto que mi materia prima lo impulsa todo, imágenes e invenciones.

Cuando me aburro, me re-dibujo. Y como esta noche me siento especialmente cínica, me voy a permitir una indulgencia y una pequeña broma encubierta. A todos los que preguntáis si no merezco un descanso, ésta es mi declaración de intenciones: nunca he sido cobarde; no me vendo. Y ahora suplicadme y babead un poco… ¿no haréis eso por mí?


sábado, febrero 23, 2008

Lento amanecer en el jardín de Tánatos

Ayer me mareé al asomarme a la ventana de mi duodécimo piso y pensar en lo que pensé desde aquí mismo una madrugada de hace poco más de un año. Maine me usa, y yo uso a Maine, no hay más secretos; esta noche le pediré que lance su mechero encendido contra los arbustos y después entraré en el salón con mi abrigo negro, el de las pieles en el cuello, porque me encanta ver cómo me caen los mechones rubios hasta más abajo del escote mientras todo a mi alrededor está en llamas.

viernes, febrero 22, 2008

Un impulso

Me ha sucedido algo insólito en un lugar insólito esta misma tarde. Mi jefa, que aunque no sea rubia me cae bien porque siempre va vestida de negro y tiene esa especie de erótica del poder que me fascina, me ha llevado casi de la mano a una habitación donde no había estado nunca. Una pequeña bombilla en el techo y estanterías repletas de gruesos volúmenes que catalogar. “No me mires así, rubia”, me ha dicho, “en cuanto pueda vendré a ayudarte…” Ha cerrado la puerta y me he quedado sola allí como Platón en su caverna, pero no ha pasado mucho tiempo hasta que ha sobrevenido la sorpresa. El libro ha caído en mis manos, literalmente, mientras estaba tratando de alcanzar uno de los situados más arriba. Y me he quedado de piedra: Un tratado del sueño escrito por un médico ruso de comienzos del siglo XIX (dioses, qué nueva broma del destino es ésta) que mostraba a la mujer de la guadaña velando a un niño con alas en la ilustración de la cubierta. El hermano pequeño de la muerte, lo llamaban.
Texto dispuesto en doble columna, filigrana y capitales de inicio adornadas. He vivido siempre rodeada de libros, ahora trabajo también entre ellos y sé distinguir algo valioso sólo con el sentido del olfato. He debido de salir del pequeño claustro, a última hora de la tarde, con la misma expresión en la cara que lord Carnavon tras descubrir la tumba de Ramsés, y he encontrado a mi jefa en su despacho, sentada frente a los grandes ventanales.
- ¿Tenéis libros editados antes de 1920?
Ella me ha mirado extrañada pero ha respondido enseguida. “No”.
Estupendo.
Entonces nadie lo echará en falta.

miércoles, febrero 20, 2008

Escorpio

El rubio Orión, cazador de almas, se despista un instante y siente el aguijón del monstruo clavándose en su hombro. Grita de dolor, intenta tensar su arco de nuevo pero el veneno actúa deprisa. Cegado, se arrodilla ante las enormes pinzas y sus flechas se rompen.
Orión ha caído. Apolo, soberbio, contempla su triunfo, y la virgen Diana, sin otro remedio a su alcance, esconde la cara y al llorar derrama estrellas.

lunes, febrero 18, 2008

Juego de damas

- Peón cuatro reina- dijo Muerte.
Muerte sabe, y mueve siempre sin error. Si yo conseguí esquivar su jaque no fue mérito mío. Y vosotros, que tranquilamente observáis mi torpe juego, os veréis un día sentados ante este mismo tablero.

jueves, febrero 14, 2008

Otros planes

Bella reconoce su ventaja, aumenta su escote y emprende viajes en trenes de risa y noche. Bestia teje esperanzas en silencio y se retuerce, se desespera, como un viejo guante de seda que deshilachan dedos de mujer.

martes, febrero 12, 2008

Mirada cianuro


Siempre me encojo de frío al verla. Tan pálida. Príncipe Invierno recoge sus cuchillas y se retira, haciendo capa con sus lágrimas. Insiste la lluvia. Y nadie contesta al teléfono.

domingo, febrero 10, 2008

Preámbulo a la casualidad

Cuando era pequeña y me preguntaban qué quería ser de mayor yo siempre respondía lo mismo: “Vampiro.” Así, en masculino. Porque eran pálidos, aristocráticos, y vestían de negro. Ahora subo a las vampiresas a mi castillo, pero en secreto las someto siempre a dos pruebas para comprobar si son merecedoras de algún premio. En la primera de ellas tienen que atravesar el pasillo a oscuras sin hacer el gesto de encender ningún interruptor. Yo siempre las espero al final, en la puerta de mi habitación, y observo si ríen, si están nerviosas, si se extrañan, si caminan confiadas o si echan de menos la luz. La segunda prueba es más importante, y consiste en no hacer ni una sola pregunta. Y cuando digo ni una sola significa exactamente ni una sola. Muchas de mis invitadas cumplen la primera misión, lo que me da esperanzas de no irritarme, pero fracasan sin saberlo en la segunda y entonces me veo obligada a exiliarlas; otras, en cambio, me decepcionan enormemente al principio cuando se asustan de la oscuridad pero después me ganan con su silencio y me siento tan benévola que les hago saber mi agradecimiento. Hasta el momento, sólo una ha superado las dos pruebas. Sólo una supo caminar en la oscuridad sin hacer preguntas. Lástima que lo estropeara todo en el último momento, tratando de salvarme. Una pena perder la cabeza de un modo tan estúpido.

viernes, febrero 08, 2008

Agua


Regresé de la peor de las batallas, cubierta de sangre y de lágrimas. Aún no me atrevía a pisar aquel suelo, pero las vestales poseen un extraordinario poder de convicción. “Aprende a olvidar, Maine, o tu propia llama tóxica acabará por consumirte.”
Cedí, y las vestales rieron complacidas. Subí las escaleras y formulé mi pregunta, pese a que todas me habían advertido de la ambigüedad del oráculo. Me respondió: “Conviértete en bálsamo. Fluye. Y la verdad vendrá sola, porque la verdad será todo lo que hagas.”
Contemplo mi espada rota, mis manos llenas de heridas, y decido concederle a mi causa una tregua.
Tengo que cortar las cuerdas.
Tengo que tranquilizarme.

jueves, febrero 07, 2008

Tristia


Me pesa en la sangre la densa humedad de las calles. La noche es el vacío de un aeropuerto en las afueras, las luces de una clínica que no se apagan. Neones bajo la lluvia, esperas insensatas con el teléfono ametrallando los silencios siempre falsos del cerebro. Tinta y colillas sobre la cama. La noche es eso. Y cuando salgo, con las llaves en la mano del bloque entero de oficinas, al aparcamiento solitario, sólo un par de farolas y mi coche callándolo todo, necesito conducir a doscientos por autopistas que no conozco para robarle un poco de ventaja a este exilio persistente, y aun así me sigo ahogando.

lunes, febrero 04, 2008

Tu nombre podría incendiar todas las noches

El humo, en su camino, creyó encontrar algo después de todas las carencias. Pero ahora se da cuenta de que nadie le ha contado nunca ningún secreto, de que no tiene ninguna respuesta, y le dice al fuego: “Apártate de mí, yo no puedo salvarte”. Y el fuego, ya sin ganas de arder, conmovido y defraudado, se apaga de pura tristeza.

sábado, febrero 02, 2008

La estrategia del vampiro

Emma Hamilton, la única mujer en el mundo según el almirante Nelson que se tomaba todas las libertades que ninguna mujer se tomó, hacía esperar a sus invitados en un salón de terciopelo rojo y les recibía vestida únicamente con una bata de seda negra. Y sus visitas, por supuesto, se volvían locos por ella.
Nelson murió pronunciando su nombre, mientras ella, tierra adentro, desataba lentamente los lazos negros que la cubrían.