lunes, marzo 31, 2008

Fulgor y pérdida


Súbito, en la sombra,
el recuerdo encendido de tus senos.
(Valente)

Era temprana en la noche la lluvia. Y la salvación yo sólo la encontré en su pecho.

viernes, marzo 28, 2008

Latitud espejo

Yo antes vivía en una enorme casa negra que estaba viva. En alguna parte de este post he escrito sus coordenadas en clave a modo de tributo, porque pese a todos los tributos que la pagué a lo largo de los años que permanecí en ella aún me parecen insuficientes.

Mi antigua casa tenía la boca roja y los dedos afilados como sombras que bajaban de las lámparas. Las paredes se caían poco a poco, el techo se vencía, las puertas, las ventanas, no eran más que piezas de puzzle con los bordes mellados y sierras en las esquinas. Aquella casa no fue prisión ni refugio, pero en amaneceres grises fue barco y fue el ataúd al que se aferran los desposeídos. Fue el pilar de lo que soy ahora, fueron los raíles que cruzaron todos aquellos años inútiles.

Era una casa enferma y poderosa. Nunca permitía que hubiese una luz demasiado intensa, nada de cortinas abiertas o habitaciones encendidas. Sus manos se movían en la penumbra para acariciarte o abofetearte, para reclamar tu ira o para llorar su necesidad. A menudo las extendía tanto alrededor de tu cuello que te asfixiaba, y entonces surgían las visiones y sólo quedaba la opción de salir de ella durante unas horas hasta que se calmara. Y la compadecías y la odiabas, pero tiraba de ti siempre para que volvieras a meter la llave en su puerta.

En esa casa me clavé mil agujas en la sangre. En esa misma casa el azul de los ojos se me llenó de óxido. Contra sus paredes estrellé muchas veces mi cerebro, lo lanzaba mientras ella aguardaba impaciente el momento de saborear mi desesperación y su victoria, la veía con los ojos desquiciados observándome detrás de los azulejos oscuros del baño con el agua desbordándose detrás de mí y las bombillas oscilantes en el techo. Otras veces, de noche, la escuchaba reírse en el tictac de un reloj o en el acompasado crujido de las bisagras, y en el fondo la encantaba ser consciente de que yo nunca cedería a ninguna de las trampas del miedo.

En esa casa las personas podían desaparecer o duplicarse, cambiar de rostro o enmudecer. Esa casa le concedía premios a quien mejor se mutilara. Esa casa te volvía de cristal o de plomo a su antojo, podía desgarrarte despacio sin que te enteraras. Esa casa gritaba y guardaba silencios profundos, callaba verdades imposibles, guardaba secretos que de tanto reprimirlos se olvidaron.

Nunca volví a aquella casa. Nunca, desde que salí de ella aquel invierno, pisé de nuevo las escaleras de su portal. Pero siempre he sabido, en todos estos años desde que la dejé atrás, que sólo podría recuperarme del todo si me atreviera a volver allí y la devolviera, uno a uno, todos los fantasmas que saqué de sus armarios para dejarla desnuda y hacer con ellos el equipaje que me acompaña todavía.

miércoles, marzo 26, 2008

Todavía

Sostengo entre mis brazos a un príncipe blanco que no conoce la miseria ni la tristeza de los hombres. Manso, inocente, parece atender únicamente a los latidos de mi pecho cuando cierra los ojitos y acomoda suavemente su cabeza, y si antes de caer dormido se acurruca buscando algo de calor bajo mi cuello será que soy capaz de ofrecerlo todavía.
Para no despertarle me quedo muy quieta, y mientras él sueña con blancas estepas y nieve de marzo, yo le pido en silencio que se quede conmigo, le agradezco sin palabras el olvido de lo turbio y lo mezquino que me han vuelto tan sucia y fría la sangre y me conmueve hasta las lágrimas imaginar su pequeño corazón mientras duerme.

martes, marzo 25, 2008

El frío legado del silencio


Noche de lobos y lluvia constante en las puertas de entrada a los bares. Estaban proyectando en la pared la estética macabra de Murnau, con todas esas expresiones histriónicas en caras exageradamente pálidas, y en el momento en que me senté en uno de los taburetes una mujer de negro al pie de unas escaleras nos miraba de un modo atroz, sutilmente grotesco, terrorífico.
Cuando se acercó a la barra para dispararme el peor dardo –Eres Maine, ¿verdad?-, recordé las máquinas de sal abandonadas a un lado de la carretera nevada y casi no presté atención a su segunda pregunta.
- ¿Cuál es tu ópera favorita?
Ojos azules, los que más mienten de todos. Mis preferidos. Sólo por eso fui condescendiente.
- Tosca. – Contesté.
- ¿Sabes qué ópera creo que te pega mucho? – No me importaba en absoluto pero dejé que continuara. – La Gioconda… Por ese lado tuyo oscuro y frío.
Apagué el cigarro -la mujer de Murnau todavía nos observaba fijamente, el cerco negro estrechándose cada vez más sobre sus ojos- y me marché de allí para no llorar delante de ella. Supongo que es a lo que me expongo por decir tantas mentiras.

domingo, marzo 16, 2008

Descendieron

Poseído por la envidia, Gabriel fue el primero en atacar al predilecto. La espada llameante de Uriel prendió fuego a las alas de los más bellos, que suplicaban aterrorizados, y los siete arcángeles contemplaron su victoria sobre los favoritos de Dios. Miguel, que fue el último en mirar a los ojos a Lucifer mientras caía en llamas, ya tenía pensada su respuesta frente al Trono cuando los siete fueran interrogados:
“No hubo más remedio, mi Señor. Se rebelaron.”

sábado, marzo 15, 2008

Alta traición a la corona


Estoy profundamente aburrida de sucumbir a la garganta del tiempo. Nadie se toma tantas confianzas conmigo, nadie se las tomó nunca. Si quieres algo más de mí deberías pedir audiencia y exponerme tus credenciales, pero te advierto que hago pocas concesiones cuando ya no sé quién pertenece a mi bando aliado y quién simplemente conspira en secreto deseando verme caer.
O quizá es que paso demasiado tiempo sola, voluntariamente o no. No me sirven de nada las sesiones de tarot, ni los conjuros de tus manos ni las barajas de cartas marcadas. Rompo mi cetro por quinta vez -me he vuelto a hacer sangre en los dedos-, y lo dejo pasar. Voy a actuar como si no hubiera sucedido nada, pero la verdad es que me siento igual que cuando tenía 16 años y no podía volver a casa porque no había casa donde volver. Si nadie lo sabe es porque estoy acostumbrada a guardar silencio, así que voy a dedicarles más atención a las palabras que nunca escribo.
¿Seguís sin entender nada? Porque a mí ya me resulta imposible hablar más claro.

jueves, marzo 13, 2008

Apariencias

El niño no se movía. Contenía su temblor, tratando de sostener la manzana sobre su cabeza, y miraba a la mujer que guardaba un tenso silencio a 50 pasos de distancia frente a él. El arquero también miraba de reojo a la mujer, con mayor atención que a su diana, sin concederle ninguna importancia a la multitud que se estaba congregando a su alrededor y murmuraba, entre el rechazo y el morbo, cómo era posible que intentara algo tan peligroso con su propio hijo.
Su propio hijo.
El arquero apartó la mirada y disparó. La multitud fue toda un grito de alivio y júbilo cuando la manzana quedó clavada en el tronco. El niño corrió a los brazos de la mujer y Guillermo Tell se dio la vuelta para alejarse.
Había fallado.

lunes, marzo 10, 2008

Iluminaciones

Es ella, la pequeña muerta, tras los rosales. (Rimbaud)

Pocas cosas me inspiran. Pocos de mis días han tenido la suerte de merecer privilegios. Rastreo, cansada, lo que ha sido mi ficción hasta ahora, la gran mentira que ha sido todo, y hundo de nuevo la pluma en tinta negra para no ceder al olvido, para no difuminarme como niebla en el desierto, para seguir cortándome todavía un poco más, qué importa. No puedo alejarme de mí. No puedo pedirle a esa zorra de Maine que no vuelva a aparecer por sorpresa en la curva más recóndita. Podría, sin duda, contarte en secreto cómo se llega hasta allí, pero arrastro tantos kilómetros inútiles que mejor callar y seguir conduciendo hasta el siguiente motel de noviembre. Me oscurece siempre en marcha, la carretera se vuelve anaranjada y a esa hora sólo pienso en los pecados, las ternuras, que me enseñabas por las noches. Voy a empezar a cerrar bocas explicando cómo se pelea en solitario contra todo un ejército de fantasmas.

viernes, marzo 07, 2008

Rodarán cabezas

El mismo día que cayeron las Torres Gemelas se desplomó repentinamente y de manera incomprensible otra torre mucho más alta y más antigua. Ese mismo día, por la noche, me coronaron, y sin poder ni querer ocultar mi placer firmé sonriendo mis primeras sentencias de muerte. Durante mucho tiempo pensé con rabia que no tenía que haber respetado tu cabeza, pero ahora descubro el motivo por el que te la dejé sobre los hombros. Ahora eres testigo de tu propio declive. Las reinas somos tan sabias.

miércoles, marzo 05, 2008

Vanguardia


La tarde que cumplí los 19 un enorme ventilador daba vueltas muy despacio en el techo de su habitación. La primera vez pensé: “Soy una estatua sin memoria”. Pero me gustaba verla así, despeinada y con las mejillas encendidas. Siempre fuiste un aliciente extraño. Recogí todas mis vísceras, que se habían quedado esparcidas por su cama, me las tragué deprisa y salí por el balcón mientras ella aún dormía, porque el verano, y la vida, aguardaban.

lunes, marzo 03, 2008

Sherezade

Os gusta pensar que estoy bien, que soy capaz, que sigo adelante. Queréis –me pedís- escucharlo de mi boca. Y yo, para no hacerle un feo a nadie, os cuento cada noche una nueva mentira antes de meterme entre sábanas de hielo y conservarme en este frío que me mantiene la piel tan blanca. Qué necesidad tengo de decir la verdad, si se sobrevive siempre a base de ficciones.