jueves, noviembre 27, 2008

Nieve

Al ir dejando atrás la ciudad todo se reafirma. El núcleo de las trampas, de las debilidades, las sutilezas del veneno, los principios del juego.
Llegamos, continente virgen, y nos sentamos en la boca de la Antártida. Son conmovedoras las lejanas velas blancas. Lo que nunca tuvimos está congelado en el tiempo, en algún punto, convertido en frío que cae del cielo o en quebradiza cortina que retira con clemencia todo mi pasado.
Desaparezco unos días, hasta que se forme escarcha.

lunes, noviembre 24, 2008

Resolución

Escribí, para calmarme, un cuento sobre vampiros que participaban en la Revolución francesa y preferían la sangre de los sans culottes a la de los burgueses. Al final les cortaban la cabeza y acababan con todos ellos, sin que nadie llegara a enterarse nunca de quiénes eran.
Debería hacer lo mismo contigo. Algo sé de literatura.

jueves, noviembre 20, 2008

Mover montañas

Para que multitudes te sigan lo único que hay que ofrecerles es una enorme, maravillosa, mentira. Y si para matar con tus propias manos a los violadores ingleses no queda más remedio que echar mano de una fantasía que mueva ejércitos, entonces no te conformas con ponerte una armadura de hombre y aprender a manejar la espada. Qué es la fe, sino el irresistible triunfo de la imaginación sobre los oídos humanos.
La adolescente observa aterrada el avance de las llamas por sus ropas y grita en su suplicio, todo su pelo convertido ya en bola de fuego.

miércoles, noviembre 19, 2008

El arte del autoengaño


Tengo encanto, reconócelo, y dejo un sabor tan magnético en la sangre… ¿ni siquiera merezco que me empotres contra la pared? Qué lástima, con lo bien que se me da reinventar la historia. Ya me lo advirtieron cuando vivía en Londres y salía a comprar tabaco por el Soho: as you curse cheating yourself… Qué irritante es el teléfono a deshoras y qué poco útiles los consejos facultativos para mis cambios de humor. Creo que voy a volver a leer, aunque ya no queden libros para mí en el mundo, ni uno solo. Alguno encontraré que no haya leído todavía. Y si me vuelvo loca otra vez, pues mala suerte, al menos esta vez no me pillará desprevenida.
Es la ventaja de abrir los ojos al último golpe del tambor.

domingo, noviembre 16, 2008

Arcanos

No sé si los locos tienen conciencia de su locura cuando ésta empieza a manifestarse, pero desde luego yo fui muy consciente del avance de la mía desde el principio. Hace un par de años, poco antes de que me ingresaran —me pregunto por qué coño echo de menos ahora aquellos días—, sufrí un ataque de ansiedad tan intenso que tuve que bajar a comprar somníferos en plena noche. Estaba completamente sola, con el pijama debajo del abrigo, alrededor de las 3 de la mañana y seguramente con uno o dos grados bajo cero. Si lloras por la calle a esa temperatura puedes sentir cómo los regueros de lágrimas se congelan en tus mejillas y te las queman. A mí me ardían mientras caminaba, casi a ciegas porque lo único que veía eran arbustos borrosos y luces desenfocadas por delante, pero debía de estar tan ausente del mundo que apenas notaba el frío. Iba repitiéndome sin cesar una frase en voz baja —el corazón no se conforma, es un sirviente poderoso— y apenas me dí cuenta tampoco de otra cosa, o sí la ví pero no le concedí espacio ni dimensión en mi cabeza, una figura negra parada debajo de una farola que parecía estar esperándome. Al llegar justo a su lado me sujetó del brazo: “¡Eh!” Yo no hice ningún esfuerzo por soltarme, ni siquiera sentí el golpe de la adrenalina en los músculos instándome a escapar. No me asusté, no pensé nada. Sólo miré sus manos por si llevaba algo contra lo que me habría lanzado en ese mismo momento y después levanté despacio los ojos hasta su cara. No sé qué querría, y no sé tampoco qué expresión ni qué grado de desesperación debió ver en la mía, porque aquel hombre, nada más mirarme a los ojos, me soltó de repente y se dio la vuelta para echar a correr, como si algo hubiera despertado sus peores miedos, o más aún, todo su pánico.

viernes, noviembre 14, 2008

Canción de viernes para hacer aullar a los lobos

Los muertos despedazarían la tierra para poder tocarte; a los vivos les apartas con la desgana acostumbrada del que no sabe todavía si su elección es partitura requerida para tranquilidad de su ensamblaje o música engañosa para adormecer caimanes.
Eres rojo y humo; fuiste rojo y llanto. Suburbial y descompensada como una partida de cartas en un garaje. Atónita pasajera, necesitas un vaso para refrescarte y un escote a medida que calme tus nervios. Pero qué aburrido es el descanso a veces y cómo tiran de nosotros las ganas de lo tortuoso. Así que continúas, siendo doble en lo nocturno, requiriendo al mismo tiempo respeto y repugnancia
—me pregunto si algún día dejarás de inspirarme cuando ya no se detenga mi coche a tu lado—, mientras se niegan a apartar de ti este cáliz Venus castigadora y Eros, que nunca ha sido nada más que un pájaro borracho.

martes, noviembre 11, 2008

La debilidad del gángster


Cuando se trata de ciertas mujeres, las descripciones sobran. Si alguna vez hubiera que definir lo que es una persona con clase, se podría resumir simplemente diciendo “Bacall”. Su distinción brillaba igual en un infame tugurio de Chicago que en un sofisticado apartamento neoyorquino. De elegancia ingrávida y venenosa como una bocanada de tabaco rubio, Bacall siempre fue una mujer de lujo.

Lauren Bacall era esa mujer que, en “Tener y no tener”, hizo que la frase “Anybody got a match?” (“¿Alguien tiene una cerilla?”) sonara como la más insolente de las insinuaciones. Era esa mujer desenvuelta y autosuficiente que le pediría fuego a Bogart como nadie lo ha pedido en toda la historia del cine. Al mirar, bajaba la barbilla y levantaba la vista. Lauren Bacall inventó la mirada, y a quienes luchaban por sostenerla no les quedaba más remedio que recibirla como un trallazo. Incluso el impávido de Bogart, el tipo duro acostumbrado al triste destino de mandar a la trena a la fascinante Mary Astor, despedir el avión donde se alejaba la voluble Ingrid Bergman o aguantar el tipo como ruina redimida al lado de una desesperante Katherine Hepburn. Pero cuando en “Tener y no tener” se cruzó en su camino esta cover girl de melena ondulante, se encendió una polarización eléctrica que traspasó la pantalla, la palabra ácida, la mano fácil y la mueca inolvidable de un gángster con corazón de dandy, porque aunque alguna vez quiso “casarse con un millonario”, a ella siempre le fueron más las malas compañías.

Hay quien piensa que Bacall no hubiera sido nada sin Bogart. Otros pensamos que Bogart no se habría proyectado nunca al plano del mito sin Bacall.

lunes, noviembre 10, 2008

The fancy grief

Me han dicho muchas veces que escribo con la pose de una cínica, que seguramente lo hago sosteniendo con desgana un cigarrillo y que llego a cansar con tantas autopistas nocturnas, luces en la oscuridad y todo ese rollo melancólico de jazz, ojos pintados de negro, moteles de carretera, vías de tren y bla bla bla bla bla. No me preocupa en absoluto caer mal a tanta gente, nunca me ha quitado el sueño y ahora menos todavía. He dado muchos golpes bajos y quizá me lo merezco, pero al menos nunca he buscado el consuelo fácil, el que con tanta necesidad se implora y se derrama desde estos púlpitos: basta con mencionar trilladísimos recursos para que todos se rindan y lloren. Yo he dicho muchas mentiras y volvería a repetirlas una por una, porque las veces que he confesado alguna verdad ha sido siempre mordiéndome la lengua hasta sangrar y no dejando que se me viera la cara. Desprecio a los patriotas del sentimentalismo; yo prefiero ser la puta del rey antes que su bufón, aunque la conciencia nunca la haya tenido tranquila.

jueves, noviembre 06, 2008

Cáncer


Le había visto crecer en las amplias llanuras de Tebas, esgrimiendo desde niño el porte de los descendientes de Argos. Y ella, la diosa sentada en el trono más alto del Olimpo, le había odiado incluso desde antes de su nacimiento por ser hijo de Zeus y de una mortal. Con el fin de matarle, la propia diosa le había obligado a criar a una hidra de sangre venenosa, de ser su centinela hasta que llegara el momento de hacerle fracasar en el segundo de sus Trabajos.
Pero le había visto crecer en las estepas, valiente, noble, con la mirada de un rey mientras cabalgaba, y no veía nada en él que le hiciera merecedor de una muerte tan grotesca. Ahora luchaba al pie de la orilla contra el monstruo, y él esperaba desde el interior de las olas más lejanas que no fuera necesario tener que salir en ayuda de la hidra.
Entonces escuchó la orden de la diosa. El cangrejo cerró los ojos y golpeó con sus pinzas, aun sabiendo que su acción contra Hércules iba a ser inútil y la última antes de sentir su espada atravesándole el caparazón. Pero enamorado de Juno como había estado desde los orígenes del mismo Érebo, lo habría hecho todo por complacerla.

miércoles, noviembre 05, 2008

Todos los santos

Imagíname presidiendo mi propio despacho, sentada tras una enorme mesa de madera oscura, estrenando una camisa negra de marca que me hace un escote precioso, llegando a importantes acuerdos con editoriales extranjeras, negociando nuevos títulos, siendo el nuevo punto de atención en las ferias de Barcelona y Frankfurt. He llegado a directiva antes de cumplir los 30. Qué afortunada soy. Qué de cosas tengo.
Subo a casa y sigue helada. Me quito las botas, trato de sobreponerme haciendo el mismo esfuerzo que Sísifo en su montaña eterna. Sobrevienen los pinchazos del dolor en la garganta, cojo en brazos a mi pequeño príncipe y, aunque a veces no es suficiente su consuelo ni su presencia para olvidar y las lágrimas acaban rompiendo sin remedio, me quedo mucho rato así, apretándome contra él, meciéndole.

lunes, noviembre 03, 2008

Impostoras

Una reina posee magnetismo, porte de reina, mirada de reina. No baja la cabeza frente a nadie, no responde ante nadie de sus actos precisamente porque son incuestionables y revisten su soberbia de la lógica más pura.
Una reina no nace princesa; nace reina, y no quiere princesas a su lado.
Una reina jamás se rebaja a aceptar una mera posición de maniquí cornudo y sin gracia, jamás acatará la ley de la resignación que la convierta en un pelele sin sangre de ningún color, incapaz de hacer su trono de dignidad y orgullo.
Una reina puede no tener ningún país que gobernar, pero gobierna. Puede no tener trono ni reino pero ser poderosa y magnánima. Puede no tener súbditos, pero hacer que multitudes se rindan ante ella.
Me inclino ante quien sea capaz de convencerme de que este país tiene reina.