miércoles, diciembre 31, 2008
Trampas
Lo apunto aquí, para que no se me olvide por qué brindar cuando den las doce.
miércoles, diciembre 24, 2008
Cuento de Navidad
Mi jefe entra de repente en mi despacho, sin llamar, como hace siempre, cuando aún no he acabado de hablar con mi contacto de Pennsylvania. Tiene una voz dulce. Me la imagino rubia y pálida, con un jersey de cuello alto. Seguro que habla conmigo desde otro despacho mientras nieva y ya es de noche a las 4 de la tarde, en una ciudad tan cerquita de Maine. Me entran ganas de contarla aquella nochebuena que pasé en un autobús, escondiéndome de las miradas de los otros viajeros detrás de un gorro negro.
Mi jefe espera a que me despida de ella con un “Merry Christmas, Elizabeth”, y entonces cuelgo el teléfono. Son más de las 9 y no quiero irme a casa. Él me pregunta si no voy a la cena con todos los demás. Contesto que eso son gilipolleces. Sonríe impactado y me tiende un sobre a mi nombre procedente de Suffolk, Inglaterra, con el último libro pendiente de coedición. Se queda un momento de pie frente a mi mesa, en silencio, como dudando si preguntarme algo, y finalmente se da la vuelta y pone la mano sobre el picaporte.
- La pases con quien la pases, espero que tengas una noche tranquila.
Me parece la felicitación navideña más honesta que he escuchado nunca. Le doy las gracias con total sinceridad y al abrir el sobre me quedo mirando el título durante mucho tiempo hasta que el chico solitario al otro lado del pasillo cierra la puerta de su despacho y le escucho apagar todas las luces.
martes, diciembre 16, 2008
A golpe de guante

sábado, diciembre 13, 2008
Presunción de triunfo
martes, diciembre 09, 2008
Caer de rodillas

De vuelta en la carretera se me va haciendo de noche, tratando de esquivar todo cuanto acecha. Pero es como una niebla que nunca se disipa. Después llego a casa pensando en mis años oscuros, es como salir de una cortina de inviernos tenues que cubre la parte alta de los semáforos, me encuentro un regalo apoyado en mi puerta y pienso que no es posible, que han debido de equivocarse -otra vez- de destinatario o de remitente. Debería hablar en otro tono porque no conozco a nadie que haya estado tan sola como yo desde los 13.
Me enternece de manera inexplicable ver a un hombre solo sosteniendo su paraguas bajo la lluvia, de pie frente a las puertas de un hospital, esperando la noticia que no va a tardar en llegar. "Ya han llegado", es lo que decía la zarina cada vez que se quedaba ausente. Estaba sentada en un sofá de cuero negro, inquieta, y las puertas del ascensor se iluminaron.
Entonces miré hacia atrás, por si era cierto.
viernes, diciembre 05, 2008
Days grow long

Hay una hoguera siempre encendida en el fondo de los ojos que piden. Hay reiteraciones que toman la fuerza de una fecha, aunque al principio, niñerías, dicen, no se ven más que los juegos. Desde el interior de los cafés, aquel comienzo, la gente se extrañaba de verme correr a lo largo de toda la calle, arriba y abajo, una vez detrás de otra, porque no han sabido nunca que las calles en invierno son un insuperable motor de causa.
Te conozco como a una transeúnte con la que cruzas un segundo la mirada, te asumo como a un passant envuelta en luz de noviembre.
Te observaba vistiéndote al amanecer. La misma fuerza de las cosas las precipita en su caída, y luego nos angustiamos por la velocidad adquirida del ciclón que las expulsa allí donde instalamos, tímidos pero constantes, la inercia del “quizá” frente al estupor del “nunca más”. Fuera los violinistas van cayendo como lluvia helada, dentro el calor ha de saber apaciguarnos antes, mucho antes, de que todo lo demás empiece a devorarnos.

