miércoles, enero 28, 2009
Al contrario
viernes, enero 23, 2009
La Rèsistance
lunes, enero 19, 2009
Edgar

Al principio fue el miedo. El más solitario de los hombres no sabía estar solo. (Cortázar)
La tragedia de un solo hombre puede suponer la felicidad de miles. La tragedia personal de Edgar Allan Poe hizo posible la renovación de todo un género, la aparición del genio puramente moderno, la fascinación que todavía hoy, justo cuando se cumplen doscientos años de su nacimiento, sigue agitándonos con la misma fuerza que a los sorprendidos lectores de hace dos siglos. ¿Habría sido, por tanto, lícito desear que las desgraciadas circunstancias vitales de este huérfano hubieran sido más favorables? ¿Cuánto se habría perdido si ninguno de sus días torturados hubiera dado paso a la inspiración o, lo que viene siendo lo mismo, al obsesivo recurso del trauma? Pensémoslo. El niño de apenas dos años vestido como un pequeño burgués en una casa señorial de Boston, escuchando cómo la melodía interpretada al piano por su madre se interrumpe de repente debido a un furioso ataque de tos que la mujer es incapaz de detener. Se levanta, doblada, de su banqueta de pianista y camina convulsionándose hacia él en un momento en que las doncellas ya han entrado en la habitación para socorrerla. El niño observa cómo el vestido de su madre va empapándose de rojo y sin duda ya contempla en su cara la primera y definitiva palidez de la muerte; pero todavía se mantiene inmóvil junto a las cortinas incluso cuando siente cómo ella se aferra desesperada a la pequeña chaqueta de terciopelo mientras va resbalando poco a poco hasta el suelo, sus manos cada vez más débiles, los ojos vueltos hacia atrás, sus pulmones y su vida reventada en sangre entre sus labios. Una de las doncellas coge en brazos al pequeño Edgar y lo saca de la habitación tapándole la cara; pero es inútil, la imagen (por fortuna para nosotros) ya está totalmente grabada en su cabeza y los años que vengan a partir de ahora sólo servirán para consolidarla. Pero también para crear de su dolor algo magnífico: es así cómo de lo fúnebre se extrae la maravilla; de lo trágico, lo prodigioso.
jueves, enero 15, 2009
Capricornio

domingo, enero 11, 2009
El frío
El lamento de Yaroslavna siempre me ha parecido el más bellamente trágico de cuantos se han escrito en la historia de la literatura. Pertenece al “Cantar del Príncipe Igor”, la epopeya nacional de Rusia, el equivalente al Cid español, al Beowulf inglés o al Roland francés. Sin embargo, los rusos, al menos en literatura, siempre han derrochado una sensibilidad fuera de lo común, extraordinaria, tan sutil y tan maravillosa, tan alejada de la europea, que antes que recrearse en los detalles más cruentos de la última batalla les llevaba a detenerse en la descripción de una bandada de cisnes alzando asustados el vuelo desde orillas nevadas.En la última parte del poema la princesa Yaroslavna llora la prolongada ausencia de Igor. Una frágil voz femenina va a evidenciar la desgracia de la pérdida de una manera más elocuente que todas las anteriores referencias al honor y a la guerra. Sobre los bosques sombríos, al amanecer, la voz de Yaroslavna rompe la bruma gélida de Novgorod:
Volaré como un ave blanca sobre el Danubio,
sumergiré mi manto de armiño
en las aguas de la estepa,
y lavaré las heridas
que cubren el rostro de mi Príncipe.
Viento, oh, viento,
llévale mis lágrimas;
mar de medianoche,
no arrastres hasta mí su cuerpo (…).
Las nevadas de estos días me han hecho pensar en las reinas que conservan su corazón en el frío mientras aguardan el regreso de los exiliados. El hielo siempre es un compasivo embaucador para el cáliz que lo contiene.
miércoles, enero 07, 2009
El buen ladrón
lunes, enero 05, 2009
Precariedad aparente

Mira todo lo que te estás perdiendo: el cielo cubierto y todos mis trajes de largo que guardo en el armario protegidos con un plástico. El azul oscuro, el negro de raso, el rojo ceñido. Ya no volveré a ponérmelos nunca, piénsalo bien. La decisión de llevar un vestido una sola noche de tu vida es tan valiente como demoledora.
Qué inteligente es mi pequeño príncipe persa, cómo protesta cada vez que cerramos la puerta. Y qué grande se nos hace la casa cada vez que te marchas.
sábado, enero 03, 2009
Sway
Brindemos para hacer de las mentiras algo digno y perdurable, y columpiémonos, quién sabe… éste puede ser el último, pese a que nunca queramos darnos cuenta.

