jueves, mayo 28, 2009

Tiro porque me toca

De tanto poner los ojos en blanco últimamente se me está decolorando el iris. 
Lo mío es el despotismo ilustrado, y hay días que me levanto especialmente puta, independientemente de lo que haya hecho la noche anterior. Así que me dedico a irritar a algún petulante-barra-reputado escritor para niños contándole la mentira de que nunca he escuchado hablar de él porque “yo de pequeña no leía esos libros” (la cara que ponen en este punto es una delicia), a preguntarle a la retrasada mental de la secretaria qué parte no entiende de la frase: “Deja de pasarme llamadas de personas que seguramente tengan triplicado el cromosoma 21”, a comentar que adoro la crisis porque sólo en momentos así hay ofertas tan increíbles en los concesionarios, o a decirle a alguien cuyo único sentido estético se reduce a tener colgado en su salón un cuadro imitación de Warhol con la cara de su crío de 2 años (sí, este hecho es lamentablemente real) que no se preocupe, que haberse comprado una “moleskine” no es síntoma de intelectualidad, pese a lo alternativamente estupendo que quede pronunciar esa palabra. Me gustaría saber el mote con el que estoy convencida se refieren a mí cuando salen de mi despacho, sólo para comprobar si tienen el ingenio que hasta ahora yo no les encuentro por ninguna parte. Sería todo un honor que lo estrenaran conmigo, sin duda. Pero qué queréis que os diga, después de curas pederastas que se dedican a hacer exaltación de las violaciones, mis comentarios no me parecen tan graves, y además, a estas alturas puedo permitirme ciertas excentricidades, como mostrarme súper-a-favor de que hagan un musical sobre la gripe A o reivindicar a Lady Gaga, que no todo va a ser jazz y películas en blanco y negro. 
Cómo me alegro de poder seguir riéndome todavía.

sábado, mayo 23, 2009

El blanco del engaño

Reconocer a medias el estado actual, recordar débilmente una posibilidad o existencia anterior y, súbita, terroríficamente, vislumbrar la magnitud de su pérdida. Eso es saltar el muro. Y ellos tenían orden de disparar a todo aquel que saltase el muro.
Suelo caminar ausente por aceras o raíles, detenida en la calma que aparento mientras leo, en la tristeza provocativa de cuanto se escribe, en que la primera vez en mi vida que probé el zumo de manzana fue cuando me enteré de que era la bebida favorita de Anton Bohnsack; por eso tardé unos segundos en ser consciente de que me habían dado. Primero, el picotazo tenue como de amigo perverso; luego, el pleno reconocimiento, el cargo, la pulsión del sexo indiferente, el gritar dónde y la balanza de la resignación. Y en el choque confuso que aniquila toda idea, entre el romper de los cabos del mundo, lo falible y lo fallido, declararnos por fin aliados de los serviles y los alienados para tener todas las batallas perdidas en cuanto aceptamos las condiciones.

miércoles, mayo 20, 2009

Sobre todo lo que me horroriza

El método es sencillo, las instrucciones no pueden ser más simples: 
Rebelarte.
Resignarte.
Someterte.
Como tarea prioritaria, intentar que no te suceda igual que a Bastian cuando llegó el segundo en que ya no recordaba su nombre (el segundo anterior seguía recordándolo), y pasarte la vida añorando la vida.

He hecho viajes dolorosos y alegres
antes de darme cuenta de la mentira y la edad
he sufrido por amor a los veinte y a los treinta
he vivido como un loco y he perdido mi tiempo
y querría
sollozar todo el tiempo
sobre ti sobre aquella que amo sobre todo lo que
me horroriza

(Apollinaire)

martes, mayo 12, 2009

Sagitario


A Quirón, hijo de Crono, se le acusa de magnánimo entre los de su especie. En medio de la arena, rodeado del graderío vociferante que le llama traidor y bastardo, Quirón se ve obligado a dejar a un lado su natural raciocinio y guarda silencio, sabedor de que ni la inteligencia ni la oratoria son cualidades bien vistas en los profundos valles de Tesalia. Quirón se protege la vista del sol, uno de los más ancianos ha cargado una roca y levanta ambos brazos. No espera a conocer la sentencia; ajeno a flechas envenenadas y demás artimañas de los centauros, aplaude a las Musas y huye de la ordalía golpeando con sus cascos las primeras piedras que llueven.

viernes, mayo 08, 2009

El hallazgo

Advierte, viajero, el más revelador de los secretos: la sensibilidad no tiene nada que ver con donar dinero para un niño moribundo elegido aleatoriamente, ése es precisamente el extremo opuesto. La conciencia burguesa sólo cuesta 5 euros, 10 como mucho, pero, por supuesto, donde no hay inteligencia es peligroso tener razón.

jueves, mayo 07, 2009

Divina y su letargo

Divina se resiente, retrae sus esporas, silencia sus mareos. Se compara con el resto de personas que nunca tienen nada que decir, mide su nivel de diplomacia y se impacienta. Hasta el taxi se apacigua, y aunque no quieras cedes a la tentación de mirarla de reojo por el espejo retrovisor. Ves a un lado de la acera la luz de su jardín sobre el césped recién cortado y allí la dejas, sin temer por ella. Después, al llegar a casa, Divina enciende el penúltimo cigarro y se entrega a la conciencia fácil, la de las noches más pulcras, manteniendo en la cabeza alguna letanía o música que de tan pasada de moda resulta imprescindible.

lunes, mayo 04, 2009

Je suppose


El domingo calculaba cuántas veces habré cruzado en coche Madrid amaneciente imaginando estar atravesando carreteras de Arizona, nada más salir del humo y la luz azul de afters casi vampíricos donde aprendí a familiarizarme con las drogas hasta acunarlas con ternura como a hijos no pedidos, desde la época en que me pintaba los ojos de negro hasta vestirme ahora de ejecutiva montada en el dólar.
Yo asumo, y no es por hacer menoscabo, que la noche no es la misma entre sólo un metro y otro de distancia, capitales o no de por medio, que para que haya años pausados tiene que haber años rápidos pero no son nunca éstos los que se nos vienen encima con excesiva clandestinidad. Antes de darnos cuenta, lo más brillante se ha hecho uno con lo más oscuro hasta desaparecer, nunca del todo, pues el peso de los recuerdos es grave e insistente a ambos lados de la corteza cerebral. Por eso a partir de ahora sólo debería colgar fotos de espejos retrovisores, para darle por fin gusto a mi antigua y recurrente fijación. 
Nuestros secretos nunca son moneda de cambio. Pero ya sabéis que se los damos a quien más alto puja por ellos.