
lunes, junio 29, 2009
No más trampas

jueves, junio 25, 2009
El quejido eléctrico

En otoño, recordar de nuevo ese viaje, cuando el recuerdo ya no deriva en placer sino en hégira.
En invierno, separarnos, una y otra vez, sólo para volver a encontrarnos en la rueca o el rugir espontáneo de las estaciones, que giran, que tornan, que lloran y suplican, como Alicia, volver a casa.
martes, junio 23, 2009
Teoría de la evolución
domingo, junio 21, 2009
Advocatio
domingo, junio 14, 2009
Salvajes
miércoles, junio 03, 2009
El gran teatro del mundo

El cine enseña los mitos que crea. Los fabricantes de estrellas tienen a Bette Davis como catedral del cinismo y quintaesencia de la malicia. Siempre dura, perniciosa, afilada, espejo roto ante su propia imagen, Bette Davis acreditó un arquetipo que le llevó a ser siempre la mala de la película.
Siempre me pareció que había en ella un algo expresionista y retorcido que se vuelve incluso macabro en escenas como aquélla de Baby Jane. Lecturas posteriores me descubrieron que nadie que trató a Bette Davis habló bien de ella. Insociable, egocéntrica, brusca, indómita y malhumorada, su carácter resultaba obviamente el reflejo de una vida torturada no tanto por sórdidos percances familiares como por adorables pataletas profesionales y desavenencias varias con compañeros de reparto que no podían soportarla. Pero por encima de discusiones y ojeras, de sobreactuaciones y disgustos, caídas de ojos y cejas fieras, Bette Davis permanecerá intocable y maravillosa porque sólo ella será para siempre la inigualable, la genuina, Margo Channing.
Si Charles Vidor no hubiese hecho “Gilda”, “Eva al desnudo” sería con toda probabilidad mi película favorita de la historia del cine, y precisamente por demostrar como ninguna otra la tesis de que ni las buenas son tan buenas, ni las malas son tan malas. Bette/Margo, la de la apabullante mordacidad verbal al servicio de unos diálogos memorables, es la principal víctima de una dulce Anne Baxter que se revela como una manipuladora vampiresa con piel de cordero.
La lucidez para desnudar ya no a toda una profesión, sino a todos nosotros, a través de unas miserias y grandezas que desde el mundo del teatro se hacen universales y plenamente reconocibles, llega a superarse a sí misma en el momento en que “All about Eve” muestra cómo y con qué palancas se puede mover el mundo. Otros más jóvenes vendrán también a aprovecharse de Eve después de que ésta haya extendido su telaraña en toda su amplitud, porque es una cadena infinita de dominaciones y mascaradas la que regula los comportamientos humanos en un mundo rodeado de ambigüedades y meras apariencias: el del puro teatro, dentro y fuera de actrices, personajes y mitos creados, donde todas las Margo Channing se ponen la máscara de Bette Davis no sólo para luchar por su sitio contra toda Eve Harrington sedienta de ambición sin escrúpulos, eso en realidad es lo de menos, al igual que no importa nada si Eve miente o no cuando afirma que ha visto todas las películas de Margo, sino para reconocer y controlar desde dentro el más genuino invento de cuantos existen: el que ha aprendido a reírse de todo y de todos empezando por sí mismo.



