lunes, junio 29, 2009

No más trampas


Sin abandonar del todo la deliciosa soberbia que, no se engañen, aparta y evita el miedo a cualquier superficialidad estúpida como un despacho o un inútil déspota, no desecho todo lo que he aprendido desde que estaba muerta hasta que me fui llenando poco a poco de la sangre de la que me vacié, todo lo aprendido de los gatos, de la bondad de los planes sencillos, de preparar la cena, de hablar despacio o de la persona más calma y elegante que he conocido nunca, la misma que, sin presumir de nada, envuelve de serenidad humilde el acto más necesario y vital de cuantos existen como es regar una pequeña planta para concederla más días de vida.

jueves, junio 25, 2009

El quejido eléctrico


El núcleo de los átomos adquiere determinadas variantes según la luz, que es lo mismo que decir según la percepción de los idus y las calendas:
En verano consiste en vislumbrar ítacas lejanas.
En otoño, recordar de nuevo ese viaje, cuando el recuerdo ya no deriva en placer sino en hégira.
En invierno, separarnos, una y otra vez, sólo para volver a encontrarnos en la rueca o el rugir espontáneo de las estaciones, que giran, que tornan, que lloran y suplican, como Alicia, volver a casa.

martes, junio 23, 2009

Teoría de la evolución

Al principio nos ponemos el disfraz de cucharas. Las cucharas se acoplan perfectamente unas sobre otras; son suaves y redondeadas, de apariencia plácida, sin esquinas.
Con el tiempo cambiamos al disfraz de tenedores. Seguimos encajando, pero ahora tenemos extremos puntiagudos que pinchan.
Y por último nos resignamos al disfraz de cuchillos, cuando ya ni siquiera encajamos, y nos convertimos, extrañamente, en filos serrados y hostiles.

domingo, junio 21, 2009

Advocatio

Un hombre construye un robot y lo programa para que conozca el nombre de todas las flores. 
Por encima de tres fiestas editoriales en esta primera, prematura, semana del verano, ya de por sí nostálgica, con barra libre y conversaciones que en realidad no puedo soportar porque me retrotraen a años oscuros, ésta es la conclusión más inocente que puedo extraer. No se me ocurre nada más melancólico, más arraigadamente trágico, que un robot que conoce el nombre de todas las flores y las sostiene con cuidado entre sus pinzas mientras las reconoce y las nombra: Violeta. Lirio blanco. Lirio de agua.
No lo sé.
Creo que la zarina me acaricia el pelo por las noches.
O quizá sólo me lo imagino.

domingo, junio 14, 2009

Salvajes

Obviamente, iba a aprovechar cualquier oportunidad que se le presentara, pero lo que nunca había imaginado, en todos aquellos años al cobijo de las fieras, es que fuera a ser tan fácil. Por eso se acercó sin dudar a la niña que se detuvo un momento a sonreírle mientras recogía agua, y la siguió hasta el poblado de los mismos hombres que le habían abandonado en la selva cuando era un recién nacido mientras los lobos y las panteras observaban agazapados sin comprender. 
Lo harían más tarde, cuando Mowgli regresó con ellos, saciado su rencor, quemada la aldea y muerto hasta el último de sus habitantes.

miércoles, junio 03, 2009

El gran teatro del mundo


El cine enseña los mitos que crea. Los fabricantes de estrellas tienen a Bette Davis como catedral del cinismo y quintaesencia de la malicia. Siempre dura, perniciosa, afilada, espejo roto ante su propia imagen, Bette Davis acreditó un arquetipo que le llevó a ser siempre la mala de la película.
Siempre me pareció que había en ella un algo expresionista y retorcido que se vuelve incluso macabro en escenas como aquélla de Baby Jane. Lecturas posteriores me descubrieron que nadie que trató a Bette Davis habló bien de ella. Insociable, egocéntrica, brusca, indómita y malhumorada, su carácter resultaba obviamente el reflejo de una vida torturada no tanto por sórdidos percances familiares como por adorables pataletas profesionales y desavenencias varias con compañeros de reparto que no podían soportarla. Pero por encima de discusiones y ojeras, de sobreactuaciones y disgustos, caídas de ojos y cejas fieras, Bette Davis permanecerá intocable y maravillosa porque sólo ella será para siempre la inigualable, la genuina, Margo Channing.
Si Charles Vidor no hubiese hecho “Gilda”, “Eva al desnudo” sería con toda probabilidad mi película favorita de la historia del cine, y precisamente por demostrar como ninguna otra la tesis de que ni las buenas son tan buenas, ni las malas son tan malas. Bette/Margo, la de la apabullante mordacidad verbal al servicio de unos diálogos memorables, es la principal víctima de una dulce Anne Baxter que se revela como una manipuladora vampiresa con piel de cordero.
La lucidez para desnudar ya no a toda una profesión, sino a todos nosotros, a través de unas miserias y grandezas que desde el mundo del teatro se hacen universales y plenamente reconocibles, llega a superarse a sí misma en el momento en que “All about Eve” muestra cómo y con qué palancas se puede mover el mundo. Otros más jóvenes vendrán también a aprovecharse de Eve después de que ésta haya extendido su telaraña en toda su amplitud, porque es una cadena infinita de dominaciones y mascaradas la que regula los comportamientos humanos en un mundo rodeado de ambigüedades y meras apariencias: el del puro teatro, dentro y fuera de actrices, personajes y mitos creados, donde todas las Margo Channing se ponen la máscara de Bette Davis no sólo para luchar por su sitio contra toda Eve Harrington sedienta de ambición sin escrúpulos, eso en realidad es lo de menos, al igual que no importa nada si Eve miente o no cuando afirma que ha visto todas las películas de Margo, sino para reconocer y controlar desde dentro el más genuino invento de cuantos existen: el que ha aprendido a reírse de todo y de todos empezando por sí mismo. 

martes, junio 02, 2009

The reminder


Que los muertos resuciten no tiene nada de terrorífico. Lo terrorífico es ver llegar el momento en que deseamos resucitarlos. 
Nos doblamos, entonces, como árboles hacia el pasado, hasta rompernos.

lunes, junio 01, 2009

Capilla ardiente


Este sintagma tan gráfico siempre me ha traído a la mente la imagen de una iglesia en llamas. 
En la temprana penumbra del amanecer las camas también pueden incendiarse, ser capillas ardientes donde tienen lugar pequeñas muertes.