jueves, julio 30, 2009

Y te diré quién eres

Alicia se pasa toda su estancia en el país de las maravillas tratando de convencer a sus habitantes de todo lo que no es. No soy una serpiente, le dice al huevo sobre el muro; no soy una flor, le asegura al jardín malicioso; no soy una ficha de ajedrez, insiste frente a la reina blanca, manteniendo esa pose de diligente cordura que durante la partida es mero escudo contra el pánico. 
El último regalo que me hizo mi primera amante antes de convertirse en mi primera ex fue una pequeña máscara blanca. Comencé a darle uso dos años después, y de qué manera. A estas alturas estoy para pocas tonterías, y obviamente no para justificar ni salvar a nadie. Ya no. Los cortesanos tienen gran parte de culpa en los abusos y desmanes de las reinas; pero, oh casualidad, en estos momentos me siento menos reina que nunca, y no porque sea verano. Te pones la máscara y escribes un blog. Oh prodigio. Ya eres el creador creado dentro de tu propio país de las maravillas. Ahora sólo tienes que recorrerlo de norte a sur repitiendo incansable todo aquello que no eres, cuidando de no olvidar lo contrario.

lunes, julio 27, 2009

Recurrencia alterna


A todas luces puede parecer indiferente para quien se limita a observar acodado desde fuera, pero en el fondo me produce una profunda tristeza que resulte tan frecuente la confusión de espectros propiciada por el juego de las mareas, y que nadie sea capaz de distinguir los reales de los adquiridos. Me aterra un viaje que llegará con el frío y que será preludio de hoteles agónicos, y para consolarme a mí misma por las noches, ya no sé si a la real o a la fingida, me concentro en escuchar cómo se propaga el fuego, a mucha distancia, o cómo hablan entre ellas las estatuas sumergidas preguntándose, desconfiadas y anhelantes, si los peces podrán entenderlas. No puede existir —me repito— mayor soledad que la suya.

lunes, julio 13, 2009

El viento


Que el viento se lleve mi hartazgo en briznas de hierba como las levantadas por el chamán cuando inicia su danza histérica. Que arrastre cualquier tentación de flaqueza en espera de quemar vivas a las víctimas, que debería ser el justo final de todas ellas, las que no saben permanecer en silencio, las que sienten la obligación de hacernos partícipes, una y otra vez, de sus desgracias tragicómicas, como si nos importaran, como si quienes callamos y nos limitamos a danzar doblándonos sin rompernos no tuviéramos lágrimas dignas ni palabras que supieran hacer frente al silencio, siempre más honrado, más real, que cualquier llanto. Como si quienes callamos nos convirtiéramos en verdugos instantáneos de la conmiseración que siempre buscan los débiles. 
Que el viento se lleve mi odio y mi clemencia. Al esquivo hermano de ambos, discernimiento, pido la gracia de conservarlo.

miércoles, julio 08, 2009

Algunas consideraciones en la que es (sin duda) la peor estación del año

Hay un tramo en mi calle en el que la radio del coche deja de oírse. Milagrosamente. Siempre es el mismo tramo de avenida, exactamente la misma longitud y espacio (la duración varía dependiendo de la velocidad que lleve en ese momento), de modo que, un segundo antes de introducir las ruedas delanteras, el morro y el resto del coche en ese misterioso campo de fuerzas, me preparo para dejar de escuchar cualquier canción automáticamente y volver a recuperar sus ondas segundos después. Ya me he acostumbrado tanto que el día que el método falle será cuando me asuste de verdad. Tengo que recorrer a pie ese mismo tramo para comprobar si el área electromagnética afecta en realidad a la audición y no a las ondas sonoras, pero, en el fondo, no quiero saberlo. 
Por otra parte, estos días he aprendido algo prodigioso que no sabía y que me he apresurado a incluir en mi lista de metáforas favoritas: el cementerio de Los Ángeles se encuentra en la ladera oculta del monte Griffith, justo detrás de las letras de Hollywood. 
Y, por último, lo siento pero no me resisto a comentar que, por encima (o, quizá precisamente, gracias a) la maravillosa teatralidad que supone plantar el escenario de una celebración justo delante de un ataúd, ayer se me saltaron las lágrimas con este momento.

viernes, julio 03, 2009

Orgullo

Creyeron que estaban solos, pero los soldados habían estado vigilándoles desde la cena. El beso furtivo en el huerto fue la prueba definitiva que necesitaban. A uno le prendieron y le condenaron a la cruz; el otro, que sería tratado como escoria traidora en adelante, pudo escapar pero se ahorcó nada más conocer la sentencia. 
Los concilios tienen toda mi admiración: son el lugar donde más fácilmente puede tergiversarse la historia.