lunes, mayo 26, 2008

Tauro


En realidad no era un dios disfrazado ni raptó a ninguna ninfa rubia para depositarla sobre un lecho de flores. Pero era un ejemplar único en su especie, un animal magnífico, y la pragmática Europa pensó que la sangre de un toro blanco sería una ofrenda insuperable y dio la orden de arrastrarlo hasta el altar del sacrificio.

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viernes, mayo 23, 2008

Tren nocturno

Apagaré el cigarro después de escuchar la última llamada. Cuando la velocidad alcance su curva más alta me cruzaré con un extraño en el pasillo, y mi mano tanteará instintivamente la pistola que llevaré bajo el abrigo. Me invitará a una copa para sacarme información. Le miraré de una manera que será él quien acabe confesándome secretos inaccesibles. Le dejaré plantado en el vagón cafetería. A medianoche bajaré a un andén lleno de humo. Alguien estará esperándome, y me mirará con avaricia bajo el ala del sombrero.
Esta noche voy a ser la chica del gángster. Pero sólo por esta vez.

martes, mayo 20, 2008

Con luz de fragua


Al vivo fuego, al vaivén del mar de noche. Con un chasquido eléctrico de arena y calma, con un etéreo diluirse del pulso que se apacigua. Así me dejas. Así vuelves. Así te encuentro. No me perteneces. No te pertenezco. Pero me quedaría contigo.

domingo, mayo 18, 2008

Abdicación de Invierno

Después de una noche infernal, desayunar en el café de los fantasmas tiene cierto efecto catártico.
Absorto, soberbio, lejano, le veo sentado a solas en la última mesa. Me acerco a él con mis botas blancas de nieve y le escucho murmurar algo en voz muy baja.

Dulces y agresivos son los atributos de la noche
que corren sobre mí como agua oscura.

Si todavía leyera no se me habría olvidado diferenciar a Keats de Byron, pero a estas alturas eso es algo que ya no me importa.
No me atrevo a acompañarle hasta que no se digna a mirarme (realmente tengo una debilidad enfermiza por los ojos azules) y me saluda con su sonrisa triste.
- Hola, Maine, ¿hablamos un rato?
Fuera está nublado, por supuesto. Quizá tomándome excesivas confianzas, le pregunto si echa de menos su reino, cómo se despidió de él la víspera del exilio, cómo es posible que siga manteniendo el porte intacto desde entonces. Él me hace una sola pregunta:
- ¿Y tú, querida mía, reina sin corona, qué es lo que tanto extrañas que nadie sabe darte?
Pero se me acaban las monedas antes de sopesar nada, y ante mi mirada desaparece en leve humo blanco. Apuro mi taza y salgo de nuevo al frío, y al cerrar la puerta tras de mí es cuando me viene a la mente la respuesta exacta y me entran ganas de cortarme el pelo a cuchilladas como hice aquella vez.

miércoles, mayo 14, 2008

El corazón en una caja

Me caí y me hice sangre en el labio. No lloré. La zarina me sujetó la cara entre sus manos blanquísimas (jamás -jamás- he vuelto a ver en ningún sitio unos ojos tan azules como aquéllos) y después de curarme la herida me dijo dos cosas que se me quedaron grabadas a fuego en la mente: “Si te dan una bofetada, no cierres los ojos”, y “Guarda siempre tu corazón en una caja.”
Eso he hecho siempre.
Pero ahora creo que debería replantearme algunas verdades indivisibles, porque lo eterno incuestionable y el poder de la sugestión tienen que ser mucho más poderosos en un lugar como San Petersburgo y yo hace mucho tiempo que abandoné a su suerte a mis ejércitos de Rusia.

domingo, mayo 11, 2008

Medianoche subacuática

Esta noche la ciudad se ha cubierto de un océano, y la luna se ha caído en las orillas trazando círculos blancos. Los trenes, los edificios, son ahora submarinos; todas las calles se sumergen; las farolas se han rendido en el lecho más profundo de una densidad azul.
Pero no tengo miedo: tú me has enseñado a respirar por branquias y me has metido dentro de una burbuja con paredes líquidas. Me abres las compuertas y me dejas entrar sin prisa, a un interior cálido y palpitante, húmedo como un corazón rebosante de agua tibia.
Soy agua en tus brazos, me deslizo, me moldeas a tu antojo, me das forma dúctil, me abandono a tus manos y tú te dejas llevar en mi corriente, lejos, lejos, más allá, mucho más allá de ese agua condensada, gélida, que forma parte de la niebla.

jueves, mayo 08, 2008

Leo


En la estación seca, el rey de Nemea perseguía leones al amanecer. Iba solo, sin arqueros, disparaba sus propias flechas rojas sosteniéndose al galope en su montura, el inmenso amanecer en el desierto, y de repente, sin imaginarlo, divisó a lo lejos a una de las amazonas que cabalgan desnudas sobre los leones y que son rápidas como las llamas que prenden porque no desean ser vistas. El joven rey corrió tras ella hasta hacer jadear a su caballo, picó espuelas todavía más hasta que por fin la alcanzó, tiró de las riendas para situarse a su lado, bloqueó su carrera y la obligó a detenerse, sus pechos agitados, todo su cuerpo en tensión. El león le miró a él, miró a su caballo, y el rey de Nemea sintió en la sangre el latigazo del deseo al contemplar a la mujer desde tan cerca. La apuntó con su arco. “¿Qué buscas en mis tierras?”
Y la amazona -melena de fuego, ojos fieros- contestó:
- Agua.
Y a su señal, el león, pérfido como su dueña, despegó las patas de la arena y derribó al caballo árabe, y devoró el corazón del rey para aplacar su sed y la de aquéllas que no desean ser contempladas. Tendrían que pasar siglos todavía hasta que el hijo de un dios venciera al último de los leones del reino de Nemea y se enfrentara a la cólera de las amazonas.

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lunes, mayo 05, 2008

Dove estai


Hay una vista espectacular desde mi ventana.
Debería sentirme satisfecha y contenta, desconectada al menos, despreocupada de seguir caminando por el filo como he hecho siempre. Sería hora de reconocerme a mí misma el esfuerzo y los logros, de dejar de tratarme tan mal. De guardar los cuchillos y darme una tregua.
Enciendo un cigarro, sigo contemplando con calma los rascacielos. En una noche así se me ocurren varios sitios encantadores donde me gustaría estar: el Double R Diner de Twin Peaks, el Club Silencio de Mulholland Drive, el Blue Cafe de Chris Rea o incluso el Heaven’s Night de Silent Hill.
Ven y llévame a cualquier lugar lejos de Maine.
Lejos de mí.

martes, abril 29, 2008

Óbice


Y qué éramos sino dos huérfanos cogidos de la mano en el pasillo, tú enfrentándote a su nombre, yo haciéndome la valiente pero en realidad muerta de miedo igual que ahora, desde este lado, donde hileras de cruces iluminadas se extienden a ambos lados de la carretera.
-No es buena idea, Maine. Arranca el puto coche y vámonos de aquí.
Mi verdugo me confirma que siempre ha sido un cobarde. Le digo que se largue, saco de la guantera todos mis inviernos y decido terminar el trabajo yo sola.

domingo, abril 27, 2008

Días turbios

Les echo mi corazón a los cuervos, sólo porque son negros y fascinantes. Podría entregarme a los besos y olvidar, pero en lugar de eso me siento en los umbrales y espero, sola, a que lo devoren y sean ellos quienes olviden, mientras se me pudre la sangre poco a poco y el amor, y la esperanza, se hunden como flores en el barro.
who's onlineCaminantes en la niebla

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